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¬ŅCambiar√° tanto la vida en Madrid de aqu√≠ un siglo tal y como lo percibimos cada vez que nos detenemos en alguna fotograf√≠a antigua de Madrid? Mientras tratamos de buscar una respuesta a esta inc√≥gnita demos un paseo por la antigua estaci√≥n de Atocha y sus inmediaciones.

√Ārboles, jardines, sombras… √Čstos son algunos de los elementos que nos pod√≠amos encontrar en la hoy llana y gris Plaza de √ďpera a finales del Siglo XIX. Ya que no los podemos disfrutar en la actualidad, hag√°moslo a trav√©s de esta bonita postal.

Pocos podr√≠an imaginar que el origen de este icono de Madrid lo encontramos en una aparentemente inocente reforma decorativa. Aqu√≠ te lo cuento….

La curiosa relación entre Madrid y Pamplona

Hoy he descubierto un curioso nexo de uni√≥n entre Pamplona y Madrid as√≠ que tan pronto como he podido me dispongo a compartirlo con vosotros, ¬ŅOs pod√©is imaginar que tienen en com√ļn el Paseo Sarasate y el Palacio Real?

Si no lo conocéis, uno de los edificios más impresionantes de todo Madrid es el Palacio Real. Tras el incendio de la antigua residencia de los Reyes en 1734, Felipe V mandó construir un nuevo alojamiento para los monarcas, eso sí, este completamente de piedra para protegerlo de las llamas. Más de dos siglos después de su construcción, su majestuosidad sigue dejando con la boca abierta a más de uno.

En el proyecto original la cornisa de este gran edificio iba a estar decorada por 108 esculturas de gran tama√Īo. √Čstas representar√≠an a los monarcas de los diferentes reinos relacionados con la monarqu√≠a espa√Īola: Am√©rica, Portugal, Castilla, Arag√≥n, Galicia, Navarra y a los distintos Reyes de Espa√Īa.

Finalmente nunca se colocaron en su ubicaci√≥n original ¬ŅEl motivo? A d√≠a de hoy no est√° claro. Una primera hip√≥tesis dice que el peso de todas ellas pod√≠a da√Īar la estructura del edificio pero a m√≠ me gusta m√°s la segunda teor√≠a.. La Reina Isabel de Farnesio (esposa de Felipe V), supersticiosa y paranoica, tuvo varias pesadillas en las que ve√≠a como un terremoto sacud√≠a la ciudad de Madrid y las estatuas terminaban por caer encima suya hasta aplastarla. Estos perturbadores sue√Īos pod√≠an ser una premonici√≥n sobre el final de la monarqu√≠a por lo que Isabel inst√≥ a su hijo, el Rey Carlos III, a colocar las estatuas en otro lugar ‚Äúmenos peligroso‚ÄĚ. Dicho y hecho.

El caso es que el tejado del Palacio Real nunca cont√≥ con esta ilustre compa√Ī√≠a y las figuras de piedra permanecieron guardadas en unos s√≥tanos subterr√°neos hasta que Isabel II lleg√≥ al trono y decidi√≥ repartir estas esculturas por toda la ciudad y por toda la geograf√≠a Espa√Īola.

Muchas de ellas no tuvieron un viaje demasiado largo y se quedaron en la Plaza de Oriente o en los Jardines de Sabatini, a escasos metros de su ubicaci√≥n original, pero otras llegaron a sitios como El Ferrol, Vitoria o… Pamplona!!! En 1885 comenz√≥ la reurbanizaci√≥n del Paseo Sarasate y se opt√≥ por adquirir varias de estas esculturas para adornar el paseo. La idea era traer las de distintos Reyes de Navarra, como Sancho el Fuerte o I√Īigo Arista.

La realidad fue bien distinta ya que se enviaron seis esculturas (una reina y cinco reyes) aunque sin atender al deseo sobre su identidad. Sólo dos de ellas, la de Felipe III y la de García Ramírez, el Restaurador, tienen algo que ver con Navarra puesto que las otras cuatro no se sabe a ciencia cierta a quien representan.