Supongo que será el efecto del poso del tiempo pero, cada vez que rebusco entre los efímeros recuerdos de Madrid se me impregna la sensación de que en aquella ciudad todo, incluso el acto más multitudinario, se podía disfrutar en calma, con tiempo para uno mismo, sin atropellos.

Sobre lo que observamos en esta foto de 1944 tomada por Manuel Urech en la Feria del Libro, decir que el entorno no es el actual de este evento ya que en sus orígenes, este bonito homenaje a las letras se celebraba en el Paseo de Recoletos. Cabe recalcar la belleza de aquellas primitivas casetas, mucho más bonitas, aunque seguramente menos prácticas que las actuales. No obstante, poco a poco, el aumento de público, de expositores y de demanda en general hizo que se le tuviese que buscar una nueva ubicación, por ello en 1967 la Feria del Libro y el Parque del Retiro se dieron la mano por primera vez, y así ha sido hasta ahora.

No obstante, hoy quiero aprovechar estas líneas para lanzar una reflexión, hoy me gustaría que mi pensamiento y Madrid compartiesen protagonismo en este post y es, precisamente en relación a esta realidad que acabo de comentar unos centímetros más arriba. Ya van varias ediciones que, antes, durante y después de la celebración de la feria empieza a circular un rumor, a mi parecer, preocupante.  Se intuye que hay importantes voces partidarias de que la Feria del Libro cambie de manera inminente de escenario y se lleve a otro lugar. Algo que sin duda sería un desatino mayúsculo.

Conozco el sector y creo que conozco Madrid. No se me ocurre un lugar mejor y más convenido para celebrar esta cita con la literatura que el Parque del Retiro. Su buena comunicación, su perfecta ubicación o su carácter familiar le hacen el espacio idóneo. Siempre escuché en mi casa aquello de “los experimentos, con gaseosa”. Y es que, estimados lectores, estas dos semanas de feria son un auténtico salvavidas para muchas librerías y editoriales que, durante los restantes 351 días del año luchan contra viento y marea por sobrevivir. Así de duro. Así de real. Y, por desgracia, una prueba fallida de este as guardado bajo la manga, podría resultar una auténtica estocada de muerte para el ejercicio de no pocas empresas.

Desde aquí me gustaría pedir a las autoridades responsables que, antes de tomar cualquier decisión en caliente, analicen bien sus posibles consecuencias y, sobre todo, pregunten a sus protagonistas e implicados. Nadie discute a estas alturas que la Feria del Libro y el Retiro forman un binomio extraordinario. Que la gente espera con anhelo durante  meses y que, a pesar de tener muchos aspectos que mejorar, siempre deja un buen sabor de boca y ganas de más. Entonces, ¿Para qué cambiarlo?

Feria del Libro, Madrid

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