La Torre BBVA tiene un rasgo que la hace totalmente única en su especie en ese maremagnum de infinitos bloques de oficinas que responde al nombre de AZCA. A priori podríais pensar que me refiero a su llamativo color oscuro y que la hace destacar por encima del resto. Podría ser, pero no. El asunto que nos ocupa se diluye y ofrece totalmente desapercibido para las miles de personas que cada día se pasean por esta zona y caminan a la sombra de este gigante de 107 metros. Ahí donde lo veis, este edificio tiene amortiguadores. Sí, como los coches o algunas bicis, pero obviamente a mayor escala. Una curiosidad que como todo en esta vida, tiene una explicación que vamos a tratar de desvelar en las próximas líneas.

Cuando el Banco de Bilbao adquirió en el año 1971 el enorme solar sobre el que se levanta el edificio ya se sabía de las dificultades técnicas que iba a llevar consigo el terreno. Básicamente por una simple cuestión, debajo de él se encuentra el túnel subterráneo que atraviesa el Paseo de la Castellana y une las estaciones de Chamartín y Atocha, con el paso de trenes y las vibraciones que ello conlleva.

Ante esta tesitura la entidad bancaria decidió apostar por el proyecto del arquitecto Sáenz de Oiza, responsable también de las originales Torres Blancas. El resultado de los tres años de trabajos, los que fueron desde 1978 hasta 1981, fue un imponente edificio de 30 plantas de altura cuyo aspecto ocre va cambiando con el paso del tiempo, debido a la intencionada oxidación de su fachada.

Pero, ¿Cómo resolver el problema del incesante paso de trenes y de las molestas vibraciones que ello acarreaba? Aquí es donde aparece el secreto que hace a este edificio único en Madrid. Como no se podía construir el edificio entorno a un único tronco, todo el edificio se sustenta sobre dos gigantes bloques de hormigón que nacen y se extienden a ambos lados del citado túnel. A la vez de esta disposición se practicó una cimentación amortiguada, es decir, instalar en los cimientos de la torre unos amortiguadores que absorban y minimicen el impacto de los trenes que cada día atraviesan las entrañas de este coloso.

Gracias a este innovadora medida la sede del BBVA apura su existencia sin preocupación alguna ante las incomodas vibraciones que, de otra manera, haría imposible el día a día para sus efímeros inquilinos.

Torre BBVA, Madrid

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4 comentarios

  1. Es alucinante encontrar estas curiosidades arquitectónicas en Madrid. Uno se las espera en Tokio, o Hong Kong, pero no aquí.

    Gracias por el dato!

  2. Rafael Sánchez Marín el

    Como siempre, curioso e interesante, muy interesante. En DF México, están varios rascacielos visitables en sus azoteas; uno de ellos es La Torre Latino Americana, muy cerca del Zócalo (su inmensa Plaza Mayor, digamos); pues bien esta torre aguantó el terremoto del 83 gracias a los amortiguadores, que son visibles a nivel de calle.

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