Podría parecer que lo que tenemos ante nuestros ojos es el corazón de la Florencia más renacentista. Un atardecer dorado sobre la meca artística y pintoresca de Italia. Pero no, seguimos aquí, en Madrid. A pocos minutos de la Puerta del Sol, del chotis y de las tapas regadas con refrescantes cañas. Lo único que ocurre es que, esta versátil ciudad nos ha intentado despistar. Otra vez.

Ésta es una de esas fotografías ante las cuales siempre tengo la necesidad de detenerme mientras trato de escuchar lo que me dice. Una mirada que se pierde entre los destellos de un atardecer estival. Tanto, que Madrid parece fundirse con un sueño. Sus siluetas, hercúleas en las distancias cortas, se visten frágiles con la distancia. La Villa saca a relucir su pose más histórica en este ocre paisaje.

El autor de la fotografía es Dominic Dähncke, del que ya os he hablado en otras ocasiones y cuya página web, y por lo tanto trabajo, podéis ver aquí. Esta bonita postal fue tomada desde el Parque de las Siete Tetas, en Vallecas. Ya os he comentado en varias ocasiones que es con casi total seguridad el mejor atardecer de Madrid y esta imagen lo confirma de manera tajante.

Me parece realmente delicioso ver como la ciudad se va mostrando, en diferentes planos, hasta llegar a difuminarse con el paisaje. Con las montañas que lo miran con dulzura. En esta vista, más propia de cualquier ciudad histórica italiana, se pueden distinguir desde la torre cuadrada de la Parroquia de la Santa Cruz, a la cúpula y torres de la Catedral de la Almudena y su inseparable amiga, la Basílica de San Francisco el Grande.

Un precioso atardecer de finales de junio, cuando el verano ya se va adueñando de la capital, cuando la urbe se va liberando de sus tensiones y vive sin cargas ni agobios. Sin presión. Liberando suspiros cargados de poesía e historia. Por fortuna, algunos de ellos son así de bien inmortalizados.

Cielo-Madrid-Dominic Dähncke

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