Uno de los muchos mitos clásicos que deambulan por los cielos de Madrid es ella, la Diosa Minerva que nos protege desde su blanco trono de piedra ubicado al inicio de la Calle de Alcalá. Raro es que no te hayas percatado de su presencia mientras caminas por la zona más monumental de la Villa. Alzas la mirada y allí está ella. Rígida, profunda, seria. Una escultura envidiada por sus fabulosas vistas y que cada día recibe la visita de cientos de personas.

No tengo dudas de que, si me obligasen a sustituir a una de las cientos de esculturas que habitan en Madrid le elegiría a ella. Instalada en la azotea del Círculo de Bellas Artes, se ha guardado para sí miles de amaneceres sobre la capital, ha sido testigo de actos y eventos y ha protagonizado postales de auténtico ensueño. Un currículum fantástico pero ¿Quién es esta mujer?

Minversa, Circulo de Bellas Artes, Madrid

Minerva es, en la mitología romana, la Diosa de la Sabiduría así que ¿Quién mejor que ella para reinar y representar a esta institución en la que se salvaguarda y promueve el gusto por todas las artes y por la cultura? Una vez que se decidió que ella fuese el emblema de la institución, llegó el momento de encargar una escultura que la homenajease como es debido. El encargo cayó en manos, en el año de 1964, de Juan Luis Vassallo quien realizó esta fantástica obra de seis metros y medio de alto (aunque la lanza mida ocho) y 3.000 kilos de peso.

Minerva aparece con semblante reflexivo, con su casco y su lanza, cómo dispuesta a ir al frente y batallar por custodiar ese bien tan preciado que es la cultura, no olvidemos que es también una diosa guerrera y de la paz. Hoy la vemos cómodamente pasar los días desde su atalaya, a 58 metros desde el nivel del suelo pero, su traslado desde la fundición donde se le dio forma, ubicada en Arganda del Rey y posterior colocación, fue toda una odisea.

Hay que matizar que no había grúas capaces de emplazarla en su sitio así que para ello se levantó una plataforma, paralela al Círculo de Bellas Artes y de 60 metros de alto, para que pudiese encontrar acomodo en las alturas de Madrid. Una obra de ingeniería que costó nada más y nada menos que un millón de pesetas. Llamativo puesto que el autor de la obra recibió por hacer este trabajo 100.000 pesetas. Es decir, subirla costó diez veces más que hacerla.

Aún con todo, cada una de las pesetas pagadas en ella parecen una grata inversión. Hoy es una de las muchas dueñas del cielo de Madrid , una diosa que no sólo supervisa el bien de la capital, también el nuestro propio.

Minversa, Circulo de Bellas Artes, Madrid

Fotos de la entrada del Blog de Adolfo

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