Hay algo que hace de este recuerdo un momento particularmente gris, y no me refiero a la tonalidad de la foto. La indiferencia de los peatones, su vestuario, los árboles desnudos. Todo hace indicar que nos trasladamos a uno de esos días apáticos en Madrid, que también los tiene, en el que uno todo lo que desea es salir del trabajo y acelerar el paso para ponerse a refugio en casa.

Nos situamos en el año 1953 en el inicio de la Calle de Alcalá. Es llamativo ver como 64 años después de que se tomase esta fotografía, el paisaje urbano apenas ha cambiado en algunos milímetros pero en el resto, se ofrece casi idéntico que entonces. En blanco y negro la fachada rojiza de la Iglesia de las Calatravas pierde su llamativo efecto, junto a ella, su espigada siamesa, una torre de aromas neyorquinos, que se levantó para ser sede de la compañía de seguros La Unión y el Fénix y que, desde 2006, acoge el Hotel Petit Palace Alcalá.

La captura, obra de Joe Heydecker, nos transporta a los primeros metros de la calle más longeva de la capital. La que aprovechando el impulso e inercia de la cercana Puerta del Sol nos regala un desfile de hermosos edificios. Siempre es recomendable pasear por esta zona , para quien no le pille muy a mano o cerca, siempre le quedará la opción de detenerse en estas fotografías y casi sentir como el áspero viento roza su cara mientras, entre pensamientos, recorre aquel abrigado Madrid.

Calle de Alcalá, 1953

Compartir.

Sobre el Autor

Dejar una Respuesta