El Paseo de Recoletos hay que pasearlo, observarlo y saborearlo con ímpetu. Es verdad que sus poco menos de 700 metros no cayeron en especial gratitud fotogénica. Aun así, a sus orillas, posee un potencial envidiable, capaz de degastar las suelas de nuestros zapatos, en busca de tesoros de Madrid, no tan ocultos.

He querido brindar la postal de la semana a este arrebatador paseo ya que sin ser de los más habituales entre los más madrileños (pocas veces escucharéis decir a alguien que se va a dar una caminata por el Paseo de Recoletos), creo que tiene argumentos de sobra para dedicarle unas cuantas visitas. Éste se inicia junto a la Plaza de Cibeles y se estira por siete hectómetros hasta morir en la Plaza de Colón. Su nombre se debe a que en este lugar, a finales del Siglo XVI, se instaló un convento de monjes agustinos recoletos. Hoy, cinco siglos después de aquello, se le sigue llamando a la zona como ‘Recoletos’.

Esta brecha madrileña, por mera extensión, también sufrió las consecuencias de las grandes mejorar que Carlos III quiso otorgar al eje del Paseo del Prado. Así que muy pronto sus aceras se fueron llenando de palacios y notables construcciones y de una importante aristocracia, lo que a día de hoy, todavía le otorga un aire señorial y elegante. Quizás por eso muchos nos aproximamos a él desde la cautela. Con pasos cortos y medidos.

Sin embargo, quien pasee por aquí, podrá toparse con el Palacio de Linares, la sobrecogedora Biblioteca Nacional o el vetusto Café Gijón. También merece la pena detenerse en algunos bloques residenciales como el Edificio Restaura (1952). Antigua sede de Seguros L´Union y que vemos en esta postal. En ella, el Paseo de Recoletos se muestra como lo que es, un bulevar tranquilo, melancólico. Sosegado. Un oasis en mitad de Madrid, una transición que siempre anhelo ser algo más.

Encajonada entre el Paseo del Prado y el Paseo de la Castellana. Sus dos hermanas mayores siempre estuvieron más habituadas a los elogios. Ella no, pero tampoco los buscó, por eso, al encontrar esta mirada tan bonita sobre ella, pensé que era el momento de dar un paseo al  frente. Que más gente sepa lo mucho que esconde, por fuera y por dentro.

Paseo de Recoletos, Madrid

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