La Calle de San Bernardo, en 1950, Madrid. Caminar por la Calle de San Bernardo es hacerlo por la historia de Madrid, algo de lo que uno no es consciente hasta que ya la ha recorrido unas cuantas veces. Fue una de las vías que más transité durante mi etapa en Madrid, de aspecto fatigado, me sorprendía en cada pasada al descubrir un nuevo edificio o institución entre sus habitantes. Sólo prestando mucha atención a todo lo que en ella vive pude darme cuenta de que es parte fundamental del pasado de la ciudad.

La Calle de San Bernardo nace junto a la Plaza de Santo Domingo, tras ser bruscamente interrumpida en su trazado por la Gran Vía, va ganando fuerza y peso hasta llegar a la Glorieta de Quevedo. Inicialmente se llamó Calle de Convalecientes, debido a un hospital que allí había pero siglos más tarde heredó el nombre de Bernardo de Claraval, un santo francés perteneciente al Siglo XI. También pasó por ser conocida como la “Calle Ancha de San Bernardo”, aunque el paso de los años hizo que el adjetivo se perdiese en el olvido, que no su trascendencia.

Lo que más me gusta de esta calle es su capacidad camaleónica para hacer pasar inadvertida toda la historia y edificios únicos que alberga. Pocas calles de Madrid pueden presumir de tener tantos reclamos en tan poco espacio. Cuando uno camina por sus aceras percibe una atmósfera diferente, multitud de negocios y vías perpendiculares que siempre la ofrecen con cierta algarabía, pero ni de lejos imagina todo lo que por allí pasó. Pero basta bucear un poco en su pasado para empezar a sentir todo el peso que esta calle ha sustentado sobre su conciencia.

El crecimiento de la Calle de San Bernardo fue afín al de la ciudad, en su origen nacía a los pies de la Puerta de Santo Domingo, con el tiempo el pórtico desapareció pero la calle siguió ganando relevancia hasta ser una de las más notables de la Villa y Corte. Una prueba de ello son los innumerables palacios que comenzaron a flanquearla, entre los que destacan el Palacio Bauer, en el Número 44 o el actual Ministerio de Justicia, levantado en lo que fue el Palacio de la Marquesa de la Sonora.

Iglesia de Montserrat, en la Calle San Bernardo, Madrid Si muchos nobles decidieron trasladar sus viviendas a esta boyante calle el otro gran poder de la época, el religioso, no quiso ser menos. En la Calle de San Bernardo nos topamos con la más que interesante Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, obra de Pedro de Ribera y en cuyo interior se encuentra una copia de ‘la moreneta’. Este impresionante templo de ligero color amarillento no se completó en su proyecto original. Una pena ya que de haber sido así estaríamos ante uno de los más bellos de Madrid. Además, tras la desamortización de Mendizábal hizo las veces de prisión para mujeres. Casi enfrente se ubica otro interesante edificio, el Convento de las Salesas Nuevas, fundado a finales del Siglo XVIII.

Universidad Central, en la Calle San Bernardo. Madrid Palacios, religión… la Calle de San Bernardo supo nutrirse de importantes elementos que la dotaron de vida y enjundia, sobre todo las fiestas y eventos que organizaban los nobles en sus  casas. Sin embargo, su antes y después lo marcó la presencia de la Universidad Central a mediados del Siglo XIX. El traslado de esta institución desde Alcalá de Henares bautizó de forma oficial como Barrio de Universidad (lo de Malasaña vino mucho después…). Su presencia dio un gran ambiente y vida a una calle que siempre ha tenido algo que decir.

Esta arteria que parte en dos el barrio fue testigo además de importantes hitos en Madrid como la llegada, en 1858, del agua desde el embalse de Lozoya. Para ello se colocó una fuente frente a la Iglesia de Monsterrat, para mostrar al pueblo este importante acontecimiento.  Aquí está la instantánea que recoge aquel momento….

Fuente San Bernardo

 

Además, a modo de curiosidad hay que recordar que la primera administración de la famosa Doña Manolita estuvo en una de sus orillas. Por desgracia, una calle en la que han sucedido tantos avatares también guarda aspectos menos agradables… y es que en esta vía, en la actual zona de la Glorieta de Ruiz Jiménez, estuvieron los quemaderos de la Inquisición, donde tantas personas tuvieron un cruel final.

Éste es un paseo, muy de puntillas, por el enorme peso y de los argumentos que hacen de la Calle de San Bernardo una de las más decisivas, y a la vez menos reconocidas de Madrid. Resulta imposible resumir todo lo que encierra en un solo artículo.  Su pasado nos invita a recorrerla con los ojos bien abiertos.  Otro día pasearemos por sus palacios, que son muchos, o por sus instituciones. En esta ocasión sólo quería poneros tras la pista de su gran trascendencia. Que a nadie le suceda como a mí, que durante tanto tiempo la traté como a una calle cualquiera. Menos mal que ella misma se encargó de quitarme la razón.

(Foto de la Iglesia de Montserrat tomada de Viendo Madrid)

 

 

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4 comentarios

  1. Fantástica entrada. Para un amante de Madrid, y lector de historias de la capital es estupendo sorprenderse con algo nuevo dónde sólo veía lo mismo de siempre. Felicidades por el trabajo.

  2. Importantisima calle para la historia de Madrid; gracias por este recorrido ameno. Quede pensando en el Asilo de San Bernardino, descrito por Mesonero Romanos. Donde se ubicaba? Se ha preservado el edificio antiguo? Gracias.

  3. José Rivera el

    Magnífico tema, magnífica calle.
    Y una pregunta: De pequeño visité varias veces un palacio en la calle de San Bernardo. Creo que hoy no existe. Entonces era propiedad de no sé qué familia de la nobleza, creo que vinculada al poeta Gabriel y Galán. O a un descendiente llamado Peñalosa. Alguien es tan amable de darme más datos?
    Gracias

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