Imagina que vas paseando tranquilamente por los senderos de tierra del Parque del Retiro. Todo cuanto te rodea es frondoso y verde cuando de pronto, una presencia discordante, acapara toda tu atención. La miras varias veces hasta asegurarte de que es tan cierta y real como parece, una pequeña construcción coqueta  de tonos saltones. Sin darte cuenta has topado con la Casita del Pescador. Uno de los muchos secretos que guarda el Retiro, un lugar para contemplar con detenimiento.

Como (casi) todo en esta vida, también su existencia tiene un porqué y una explicación. Ubicada en la zona noreste del Retiro la podemos encontrar muy cerquita de la Montaña Artificial. Para conocer su historia nos remontamos al primer tercio del Siglo XIX. Después de la Guerra de la Independencia, este parque quedó muy dañado así que una de las medidas que adoptó Fernando VII fue la reconstrucción de este lugar tan representativo. Durante este renacimiento del Retiro se fueron levantando construcciones exóticas y hermosas como el Salón Persa o la citada Casita del Pescador. A este tipo de obras se les conocía como “caprichos” por motivos obvios.

Su responsable fue Isidro González Velázquez, quien diseñó este secreto y lo rodeó de un estanque para que esta casita cumpliese con su real objetivo. Y es que amigos, este lugar era al que se retiraban el Rey y miembros de la familia real para quitarse de encima el estrés de la ardua vida palaciega y disfrutar de unas tranquilas jornadas de pesca, caña en mano. ¿Os imagináis a cualquiera de nuestros últimos monarcas sentado en una sillita y pescando aquí? Pues así era amigos…

La Casita del Pescador es una de esas sorpresas que te dibujan una sonrisa. Es graciosa y coqueta. Dispone de un llamativo cuerpo rosáceo, adornado con pinturas y frescos de estilo pompeyano y con unas hornacinas, hoy vacías, donde en su momento habitaron unos bustos romanos. Muy kitsch todo. Durante años permaneció abandonada, sin función alguna, luego se destinó como Oficina de Información Turística y ahora desde el Ayuntamiento acaban de anunciar que se va a utilizar para acoger el Centro Municipal de Adopción de Mascotas.

Su presencia alegra un entorno ya de por sí hermoso, un secreto con un origen curioso al que más de uno pagaría por oírle hablar y que nos contase lo que ha visto y escuchado. Otro motivo para enamorarse, un poquito más si cabe, de Madrid. Viéndola, ¿Quién no pensaría que está viviendo dentro de un cuento?

Casita del Pescador, Madrid Fotografía de Ediciones La Librería

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