El mismo día que se dio por concluida la Guerra Civil, el 1 de abril de 1939, Madrid y sus gentes no tardaron mucho en tratar de recuperar la normalidad arrancada de cuajo. Por eso, como muestra la imagen que os traigo en esta ocasión, los propios madrileños se apresuraron, palas en mano, a que la ciudad volviese a lucir con orgullo varios de sus emblemas, como la Fuente de Neptuno.

Cuando inicié mi affaire con la fotografía antigua madrileña, varias de las secuencias que más me sorprendieron fue la de ver como durante la guerra que se prolongó entre 1936 y 1939, varios de los monumentos de la ciudad fueron enterrados y protegidos por el propio pueblo, conscientes de que ellos eran los últimos culpables de todo lo que sucedía a su alrededor. En ocasiones con estructuras de maderas, en otras cubiertos con sencillas sacas de tierras, diversos elementos de la Madrid permanecieron soterrados, como quien se cobija bajo un porche de la calle esperando a que el repentino aguacero amaine. Como os mostraré en otras ocasiones, su hermana Cibeles o el propio Felipe III de la Plaza Mayor, aguantaron secuestrados de sus propias vidas hasta que pudieron sentir de nuevo el calor de los rayos del sol.

Llama la atención observar al Dios de los Mares, siempre fiel a su pose digna y a su estatus divino, como se hace más terrenal que nunca. Su gesto casi se intuye hasta avergonzado y apurado, como no queriendo asumir lo mucho que le debe a todos esos mortales que se afanan en su fatigado rescate. Habituado durante siglos a emerger con fuerza entre los mares, ahora le tocaba salir a la superficie de una manera mucho más sencilla y llana. Una imagen curiosa pero de la que se desprende una enorme carga de sentimientos por lo mucho que uno y otros acababan de vivir y padecer.

Y es que las guerras arramblan con todo, sin hacer miramientos a orígenes de tal o cual mundo. Dioses y mortales se vuelven semejantes en medio de la barbarie. Documentos como éste siempre son necesarios rescatarlos para aprender de ellos, lecciones mudas que conviene mantener bien presentes.

Desenterrando a Neptuno, Madrid

Compartir.

Sobre el Autor

Dejar una Respuesta