Ahora,  gracias a su piel rojiza, a pesar de que percibamos Madrid a todo color es imposible no reparar en la llamativa presencia de la Iglesia de las Calatravas, emplazada en el número 25 de la Calle de Alcalá. Ella siempre ha sido muy de acaparar miradas, de recibir elogios. Se siente guapa y distinta en un entorno vital y que ha cambiado mucho con el avance de los años. La Calle de Alcalá se ha ido modernizando a marchas forzadas, a golpes de piqueta y planos de proyectos, unos más acertados que otros. Sin embargo, su ademán nunca se resintió y ella, observó inmóvil y atenta, cuanto revoloteaba en torno a su alma de piedra.

Concluida en 1678, su fachada no corresponde a su aspecto original sino a sucesivas reformas. No obstante, nada ha cambiado en ella desde que se tomase esta fotografía a inicios de la centuria pasada. Lo que sí ha mutado, y mucho son los escenarios, tanto vivos como inertes, que la rodeaban.

Un suelo adoquinado que apenas distinguía entre peatones y tráfico. Una playa de piedra, sin olas ni fronteras, que era el escenario ideal para vivir sin excesivas prisas, por mucha capital que ya fuera Madrid. En ella, todavía se respiraban sus remiendos de (gran) poblachón. Los cambios, no tardaría en aparecer y hacerse notar pero mientras este silencioso desembarco se produjo en la Villa, ésta se mostró un decorado amigable y cercano.

Imposible alejar la mirada de aquel rural carromato cargado hasta la exageración de lo que parece ser paja y de ese ensimismado viandante que, conocedor de su estatus en la calle, no desvió los ojos de la lectura. No había amenazas para ellos. Hoy sin embargo, cruzar en esas circunstancias, sería sinónimo de un atropello seguro.

Agrada y provoca cierto placer el detenerse en estas miradas donde, las muchas caras que Madrid tenía en aquel momento, confluyen en un mismo marco. Su sentir más erudito se mezcla con el más arcaico y, un siglo después de aquel  cruce de caminos, aquí estamos nosotros, observando, y en algún modo añorando, aquel Madrid desaparecido.

Calle de Alcalá, a finales del Siglo XIX

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