Iniciamos hoy una serie que me llevaba muchísimo tiempo barruntando dentro de la cabeza, una sección en la que vayamos poniendo rostro y méritos a diferentes héroes madrileños. Personajes cuyos desinteresados y generosos gestos les hicieron acreedores de un mérito que, en parte, se ha ido borrando entre el colectivo. Alguno tienen placas por las calles de Madrid relatando sus hazañas, otros (los menos) incluso algún tipo de homenaje escultórico. Sin embargo hay varios de ellos que ni lo uno ni lo otro. Es el caso de nuestro primer invitado: Fermín Peralta Vázquez. Intuyo que su nombre no os dirá nada. Sigamos.

Fermín Peralta llevaba poco tiempo en Madrid. Se había mudado a la capital desde su Berja natal, en Almería, con el objetivo de estudiar medicina pero ese día no había clase. Aquella mañana de Reyes de enero de 1868 abandonó su casa en la Calle Aduana con la intención de darse un paseo por El Retiro. Allí quería disfrutar de esa bonita postal que nos ofrece este parque de Madrid las mañanas de invierno. Donde se destapa en brumas, silencioso. Enigmático.

Cuando caminaba junto al estanque del Retiro escuchó un ruido seco acompañado por los gritos de auxilio y socorro que emanaban de un gentío apoyado sobre las barandillas estanque. Hasta hacía unos segundos, tres niños caminaban y correteaban, con precaución, sobre la superficie helada del estanque. Aquellos inviernos eran mucho más duros que los actuales y en estas fechas, el frío congelaba de forma habitual el estanque, convirtiéndolo en una enorme placa de hielo. La gente aprovechaba la solidez del estanque para patinar sobre él  y divertirse de distintos modos. Ése día el gélido pasatiempo consistía en que los paseantes arrojaban monedas que los tres niños se apresuraban a coger, entre resbalones. Todo eran risas y diversión hasta que el hielo se fracturó a sus pies. Los tres infantes cayeron a las frías aguas. La multitud se quedó inmóvil, sin saber reaccionar.

El retiro helado, en 1914. Madrid

Por suerte allí estaba Fermín, quien no dudó ni un instante. Se quitó el abrigo y la chaqueta y se lanzó al rescate de los zagales. Una primera y heroica reacción a la que le acompañó un empleado del parque de nombre Fernando Múgica. En fracción de segundos las risas se habían vuelto sollozos. La gente apretaba los puños. El dramatismo se había apoderado del Retiro. A pesar de los cortes originados por las placas de hielo, Fermín pudo rescatar a dos de los tres pequeños. El tercero falleció debido a las bajas y prolongadas temperaturas que tuvo que soportar su débil cuerpo. De no haber sido por la intervención humanitaria de este futuro médico, el desenlace hubiese sido mucho más trágico.

El Retiro helado, Madrid

Los reconocimientos posteriores no tardaron en llegar y durante un tiempo, la acción de Fermín fue la comidilla de todos los corros de Madrid. Recibió la cruz de primera clase de la Orden Civil de la Beneficencia e incluso fue llamado a Palacio donde se le obsequió con un reloj de oro grabado.  Pero su heroico acto pronto llegó a oídos de su localidad natal, donde, entre otras cosas fue nombrado hijo adoptivo.

Fermín Peralta terminó la carrera y se dedicó a la medicina, se casó y falleció en 1913. Hoy en el Retiro nada ni nadie recuerda su decisión y arrojo. Los que le sirvieron para rescatar y salvar a dos niños de una muerte segura. Otro héroe olvidado de Madrid, un ángel de la guarda con gabán que, afortunadamente, aquel 6 de enero de 1868 tuvo a bien pasearse por el Retiro.

Fermín Peralta, el héroe del RetiroFermín Peralta, el héroe del Retiro

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2 comentarios

  1. Y este suceso se recoge 33 años después de haber ocurrido en Cuentos Morales dedicados a la infancia, por D. Diego Vidal, Madrid 1901.
    Como relato para niños esta muy bien.

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