Madrid nos ofrece a lo largo de los 365 días del año, cuatro ‘looks’ bien distintos, cada uno corresponde a una de las estaciones del año y cada uno tiene sus ventajas y contras. Curiosamente el otoño, estación que acabamos de estrenar, es la que menos vende de todas, la más discreta y menos mentada, sin embargo es probable que sea el vestido que mejor le sienta de todos, el que resalta su bella figura a la par que enmascara sus escasos defectos.

Madrid en otoño es calma, transición, colores y disfrute. Un paseo sin prisas que se prolonga varios meses, una brisa fresca que te da la mano al caer el día, un reencuentro continuo. El otoño, los distintos puntos de la Villa nos sorprenden en un festival cromático como la postal de este secreto. Nos encontramos en pleno Paseo del Prado, junto a la escurridiza Fuente de Apolo, de la que ya os hablé en este secreto y que resulta ser la hermana menos fotografiada de Neptuno y Cibeles.

En esta fotografía nos sorprende nos encontrarnos con uno de los grandes valedores de Madrid, su cielo. Tampoco nos importa. Las anaranjadas copas de los árboles hacen de techo en esta mirada capicúa, que empieza igual que termina, con cientos de hojas ocres y marrones a nivel del suelo y en las alturas. En el inerte paisaje se respira un relajante equilibrio sólo quebrado por la aparición en el horizonte de la citada Fuente de Apolo. No hay personas ni vehículos que alteren nuestra calma. Madrid y nosotros, espectadores en la distancia. Una extraña soledad que nos hace querer ser partícipes de ella. Pasear por Madrid pisoteando esos charcos formados por hojas es uno de mis pasatiempos preferidos e, imagino, el de muchos de vosotros. ¡Madrid, qué bien te sienta el otoño!

Aún faltan días, incluso semanas para que el otoño se apodere por completo de la Villa, pero hasta que esto ocurra, siempre podréis regresar a esta foto.

Fotografía de fotogo.com

otoño en Madrid

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