Ayer se empeñó en desmentirme su mala fama y creo que lo consiguió. El viaducto de la Calle Bailén, maltratado por las leyendas y las habladurías, se ha fabricado en torno a sí un aura de intriga. Siempre es verlo desde lejos y recordar, en mayor o menor grado, los tristes sucesos acaecidos sobre su plataforma pero ¿Qué se podía esperar de un elemento urbano que se inauguró con el paso de una comitiva fúnebre y bajo un torrencial de lluvia?

Es cierto que la relación entre Madrid y el viaducto no empezó con buen pie pero con el paso de los años se fueron limando asperezas y hoy forman un binomio sólido y brillante. De hecho, pasear por el tablero de este viaducto y ver los dos mundos que brotan a sus extremos es fantástico. A un lado, el Madrid regio, del Palacio Real y la Almudena. Más pomposo y elegante, de corte clásico. Evocando los tiempos más gloriosos de la Villa. Al otro, aguardan las casas estrechas de La Latina, un universo colorido en forma barrio. Tradicionalmente mucho más cercano y humilde. Dos mundos que quedan unidos y equiparados gracias a este paso en alto que salva la cicatriz que genera la Calle Segovia.

Si interesantes son sus extremos, las vistas que se desprenden a sus dos lados no lo son menos y es que, lo mires por donde lo mires, caminando por aquí se desvelan verdaderos lienzos hechos ciudad y uno de ellos es el que os comparto en esta ocasión. Dejando de espaldas la Catedral de la Almudena y avanzando hacia San Francisco el Grande, ayer el viaducto me recibió con esta azul sonrisa. Su lado más amigable, despreciando su injusto pasado. Las farolas fernandinas aunaban fuerzas para sostener sobre sus puntas un precioso cielo espolvoreado de tímidas nubes. Una estampa cargada de color y buenas intenciones.

Detuve mi paso y saqué el móvil para captar este tranquilo momento.  Había pasado por aquí unas cuantas veces y nunca sentí esta acogida tan agradable. Creo que este lugar merece empezar a ser valorado y conocido por sus méritos, que son muchos, y no por otras cosas. Y para muestra un botón, o mejor dicho, esta imagen.

Viaducto de la Calle Bailén

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