Canalla, despreocupada, ajada o hipnótica. Son muchos los adjetivos que podríamos coser a la protagonista de este secreto, la Calle de Hortaleza. Una vía camaleónica que muta de piel a cada paso que damos, según nos alejamos del centro y que, en los últimos tiempos ha experimentado un descarado rejuvenecimiento.

Siempre la percibí como la hermana rebelde de Fuencarral, donde iban a parar las tiendas y comercios que no tenían espacio en uno de los escaparates más primorosos de Madrid. Una ‘Cara B’ de notable antigüedad y peso histórico que no ha bajado los brazos en busca de su merecida oportunidad. Por si fuese poco, su nombre no esconde ningún secreto, simplemente su viejo trazado comunicaba la capital con la población de Hortaleza, nada más y nada menos. Una camino en torno al cual fue extendiendo sus brazos la ciudad. Forasteros y viajeros ya daban con sus huesos por este lugar hace mucho. Entre todas aquellas idas y venidas se fue dibujando el carácter cambiante de esta brecha del barrio de Justicia.

Calle Hortaleza antigua                                                             Fotografía antigua de la Calle Hortaleza

Recorrer su casi kilómetro de longitud nos permite ver como la calle va cambiando de aspecto de modo sutil. La nota predominante de sus primeros bajos son los locales de comida rápida y tiendas asiáticas de alimentación. Kebabs, woks y otros sabores del mundo comparten acera con pensiones y hostales para los presupuestos más ajustados. Es la resaca y el paisaje que deja la inagotable marea de la Gran Vía. Por aquí todavía sobreviven comercios añejos como la Librería Pérez Galdós o la pastelería Horno de San Onofre. Ellos se encargan de poner la cordura a la Hortaleza más noctívaga y jaranera.

Libreria Pérez Galdós                                                 Imagen de la Librería Pérez Galdós de elmadridfeten.com

Un tramo inicial que posiblemente marca la reputación actual de esta calle, pero de su pasado también es aconsejable resaltar algunos datos históricos, para que nada se nos quede en el tintero. Por ejemplo en ella se ubicó una de las primeras fábricas de cerveza de la capital. Esto fue después de que en tiempos de Carlos III se instalase en una de sus manzanas un innovador laboratorio químico. Otro de los pesos pesados de la Calle Hortaleza fueron las Escuelas Pías de San Antón que, tras una profunda y reseñable reforma ahora sirven de sede de la COAM, el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid. Junto a ella pervive una de las vecinas más estimadas de la calle, la Iglesia de San Antón, seguramente el templo religioso más atípico de Madrid. Abierto las 24 horas del día, ofrece wifi a sus visitantes. Hasta ella llega, año tras año, una legión de mascotas en busca de la bendición del santo.

Pocos recuerdan ya al olvidado Convento de las Recogidas que en la actualidad alberga las dependencias de la UGT. Para toparnos con ellas hemos de avanzar hasta el número 88 de la calle. Para entonces, los claustrofóbicos locales de comida to take away, las tiendas de artículos para adultos y bazares de difícil clasificación ya sólo se perciben por el retrovisor. Ahora, nuestros compañeros de paseo son boutiques de diseñadores emergentes, cafés sobrados de estilo y fachadas señoriales con bellas forjas de hierro. Posiblemente, el edificio más sobresaliente de todos lo ocupan las viviendas de lujo construidas en 1915 por el arquitecto Joaquín Saldaña, en los portales 106-108, casi al terminar la calle. Ellas son la cima de la radical transformación que vive esta calle desde sus primeros metros hasta abrirse paso a la refinada Plaza de Santa Bárbara.

Al reanudar mi vida en Madrid hace algo menos de un año me mudé a muy pocos metros de la Calle Hortaleza. Ahora, al transitarla de forma obligada día tras día nos hemos ido conociendo y me he dado cuenta lo injusto que fui siempre con ella. Tiene la personalidad y el encanto suficientes como para no etiquetarla como “la hermana de nadie”. Desde hace varios lustros los focos y objetivos apuntan a Fuencarral, es cierto. Pero a sus espaldas late con insistencia una calle que quiere y merece brillar con luz propia. Un objetivo que, poco a poco, me temo va consiguiendo. En Madrid, también hay hueco para los rebeldes.

Calle Hortaleza, Madrid                                                                     Calle Hortaleza, obra de Tartanero

Compartir.

Sobre el Autor

1 comentario

  1. Soy una enamorada de Madrid y he visto cambiar toda la zona de Chueca en varias ocasiones,tuvo su época negra con todos las drogadictos .Ahora está cambiando mucho y para bien y esta preciosa toda la zona, yo sigo queriendo mi calle (Pelayo), aunque ahora no la veo tanto y sus vecinos nos conocemos casi todos no como en las barrios nuevos que no conoces a nadie.
    Me gusta mucho tus reportajes y las sigo todos ,,,saludos

Dejar una Respuesta