Uniendo para siempre las vidas de las Calles de las Infantas y Augusto Figueroa, en…
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Hoy os invito a dar un paseo por la Calle Fernando VI, en Chueca, para descubrir uno de los edificios más bonitos que tiene Madrid. Caminando por esta calle, perpendicular a Hortaleza y próxima a la estación de Alonso Martinez, aguarda el Palacio Longoria, más conocido por ser la actual sede de la SGAE. Uno de los escasos ejemplos de arquitectura modernista que tenemos en la capital pero que representa esta corriente artística como pocos.
Recuerdo la primera vez que me topé con este edificio, iba caminando sin un rumbo claro, callejeando hasta que una fachada llena de curvas y formas suaves llamó mi atención. Me acerque para contemplarlo al detalle, para disfrutarlo. Era como si un alfarero gigante hubiese cogido el palacio y lo hubiese moldeado a su antojo, suavemente, como si se tratase de una gran construcción de arcilla.
La balaustrada de la terraza principal, los adornos vegetales que decoran todas sus ventanas hacen de ‘La Tarta’, como le llaman los madrileños, un edificio único que parece desubicado, fuera de contexto. En Barcelona, el modernismo, espoleado por el genio de Gaudí, se apoderó por completo de la ciudad, dándole ese aspecto que todavía hoy refleja. Sin embargo, en Madrid esta corriente no tuvo tanta aceptación y los ejemplos de edificios claramente modernistas se pueden contar con los dedos de una mano.
La casa-palacio fue ordenada construir por Javier González Longoria, un boyante hombre de negocios que encargó el proyecto en 1902 al arquitecto José Grases, quien la finalizó dos años más tarde. Sus primeros inquilinos no pudieron habitar mucho tiempo la casa y se la vendieron al dentista de Alfonso XIII por 500.000 pesetas de la época. Desde 1950 es la sede de la polémica Sociedad General de Autores de España, la SGAE.
En el interior del edificio destaca una impresionante escalera imperial, realizada con una barandilla de forja, que reina en el espacio central de la entrada. Es una pena que este palacio no esté abierto al público aunque en eventos, como la Semana de la Arquitectura, hacen visitas guiadas. Yo tuve la ocasión de poder disfrutarlo desde dentro cuando acudí a la capilla ardiente de Antonio Vega, cantante de Nacha Pop. Aquel día tuve la oportunidad de despedir a un genio y de conocer las entrañas de este peculiar palacio.


Aunque las fechas no digan lo mismo, el calorazo que asfixia a Madrid en las últimas fechas invita a tomarse algo bien fresquito en una terraza. Si además de saciar vuestra sed, lo que queréis es apreciar unas de las mejores vistas de la ciudad en un lugar único, os animo a que sigáis leyendo….
El fenómeno de las terrazas ha sufrido un auténtico boom en los últimos tres años, ahora todos los locales chics pelean por ser la terraza con mejores vistas, con la gente más cool o por ser la que mejores mojitos prepara. Una carrera en la que nadie quiere ceder su puesto. En una ciudad con pocos metros cuadrados libres de asfalto y con escasos espacios verdes abiertos, la opción más recurrida ha sido el montarlas en azoteas de edificios y hoteles, lo que en la mayoría de los casos les otorga un emplazamiento único, ofreciendo a su vez una vía de escape a los humos del tráfico y la polución.
De todas las terrazas que he podido disfrutar para mí, sin duda, la que destaca sobre el resto es la del Hotel Room Mate Óscar, situado en el corazón del barrio de Chueca, en la Plaza Vázquez de Mella. Con un diseño muy “ibicenco”, mobiliario en tonos blancos, camas balinesas y una pequeña piscina que nos invita a darnos un chapuzón, éste rincón es una pequeña porción de paraíso ubicada en las alturas.
Pero si por algo destaca esta terraza son sus vistas. Disfrutar de un atardecer bajo la fija mirada de las manecillas rojas del reloj de la Telefónica es un ejercicio de relajación, disfrute y purificación. Desde ahí arriba los problemas se ven más pequeños, tanto que casi ni se ven. Te evades y contemplas, así funciona.
Este sitio está genial a última hora de la tarde o para tomar un primer digestivo antes de empezar una dura batalla por la noche madrileña. Los precios baratos no son pero el pequeño esfuerzo merece la pena. Para acceder a la misma hay que dirigirse a la recepción del hotel y ahí mismo os mostrarán el ascensor que os llevará, directamente, hasta este oasis de relax.

