Terrazas en la Plaza de Olavide, foto saacada de conmuchagula.comDesde hace pocas fechas se está emitiendo en todos los medios un anuncio que desde sus primeros planos consiguió captar por completo mi atención. Me refiero a la nueva campaña de Mahou en la que varios rostros conocidos hablan de sus recuerdos ligados a esta cerveza, todos con un denominador común, Madrid.

Ver mi añorada Gran Vía, la garbosa Latina o el rebelde Malasaña me hicieron reflexionar al instante. Creo que todo el que se haya asomado por Madrid y se haya dejado envolver por su esencia ha terminado saboreando una Mahou en buena compañía y disfrutando de un rato placentero.

Muchos de mis largos paseos por la Villa y Corte, en busca de secretos y nuevos lugares terminaron así, creo que es el final perfecto para una cita con Madrid, no obstante recuerdo con especial cariño dos de estos capítulos de este affaire cervecero. El primero de ellos me transporta a “mi barrio” en Madrid, el que me adoptó desde que mi andadura en la ciudad echó a andar, Chamberí. En su corazón social, la Plaza de Olavide vi como las tardes se convertían en noches en sus siempre concurridas terrazas. Allí, regando las horas y el paso del tiempo con unas cervezas y en un entorno cercano y cercado uno logra volver a casa con la sensación de que se puede ser feliz con muy poco.

Otro momento que recuerdo con especial nostalgia llegó el pasado verano. Todo el que haya estado en agosto en Madrid sabe lo complicada que es la vida en la ciudad en esa época del año. A las noches apenas refresca y al asfalto le da por rebotar todo el calor absorbido durante las horas de sol. Vamos, un infierno abierto las 24 horas del día. Una de esas incómodas y fatigosas noches estaba en casa de mi amigo Lorenzo y ambos llegamos a la conclusión de que la mejor forma de combatir aquel bochorno insufrible era bajarnos a la calle. Allí, en una terraza improvisada de un bar cercano a la estación de metro de Pueblo Nuevo, con nocturnidad y alevosía nos pedimos varias rondas de botellines sumamente frescos de los que dimos buena cuenta. Un bálsamo perfecto para calmar aquellos males que año tras año azotan esta gran ciudad.

Madrid ha sido testigo de miles de historias en las que personas y Mahou han ido siempre de la mano. Seguro que tú también tienes la tuya, ¿la recuerdas?

(Foto de la entrada de conmuchagula.com)

Compartir.

Sobre el Autor

1 comentario

  1. Pues a mí me encanta Madrid en Agosto: puedes disfrutar de todo sin tanta gente; ir a los sitios sin reservar; o aparcar sin dar demasiadas vueltas. Hoy en día el calor no es tanto problema y siempre puedes irte a una terracita a refrescarte.

Dejar una Respuesta