Como una quilla de un barco anclada en un mar de asfalto. Así se presenta ante nosotros el Edificio Carrión (o Capitol, como queráis) en la postal de esta semana, una elegante fotografía de Amador Toril en la que la Gran Vía rebaja su energía y sus intensos colores hasta cerrar los ojos.

Habituados a casi percibir su acelerado movimiento en las fotografías que la retratan, en esta imagen ocurre todo lo contrario. Los coches parecen avanzar más lentos que nunca, todo va a cámara lenta. La Gran Vía y la Calle Jacometrezo son dos  arroyos que se funden a nuestros pies mientras la ciudad hace por abrazar sus sueños.  ¿Desde cuándo la melancolía acompañó las noches de este escenario de Madrid? Por una vez es así y de este modo entendemos que la Gran Vía no sólo habla a chillos sino que también es capaz de comunicarse mediante susurros.

Me atrae de esta elegante mirada la sensación de ver como la ciudad se abre paso a través de sus calles, rascando metros en nuestras vidas, logrando ser mucho más que un mero escenario, donde miles de funciones se representan cada día.  Serenidad, paz, sosiego. Por una vez observamos este enclave de Madrid sin sentir sus sacudidas y, personalmente, no sabéis como lo agradezco. Siempre es positivo descubrir nuevas facetas de esta hipnótica ciudad.

Gran Vía, Madrid (Amador Toril)

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3 comentarios

  1. Bonita foto si señor. Preciosas las vistas que se puede apreciar en la fotografía.
    La verdad que debe haberse realizado de madrugada porque durante el día es totalmente imposible pillar esas calles con tan poco tráfico.
    Mis felicitaciones al autor.

  2. Hola Manu! Por casualidad me podrías decir de qué año es esta foto? Me parece ver árboles, las letras del cartel de Schweppes y demás detalles, y estaba intentando buscar esta misma estampa sobre los años 80. Por casualidad es así?

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