Madrid en ocasiones nos ofrece miradas tan sorprendentes que una primera bocanada tendemos casi a no creérnoslas, a pensar que son fuego de artificio, una ilusión de magia digital. Luego reflexionamos y tratamos de hacernos una composición espacial de lo que tenemos ante los ojos y sí, terminamos por realizar un ejercicio de auto-convencimiento: Madrid nos la ha vuelto a jugar.

Resulta que si a ras de suelo, una ciudad tan extensa y activa como Madrid nos depara miles de instantes fantásticos ya, si nos elevamos a las alturas, las probabilidades se multiplican hasta el infinito. Y entre toda esa colección hoy nos detenemos ante esta sorprendente postal. Un contraste que nos cautiva, en primer plano las coloridas y brillantes cúpulas del Mercado de la Cebada, inyectadas de vida tras la intervención artística de Boamistura del año 2013. Un poco más adelante se destapa la cúpula de San Francisco el Grande. Sus 33 metros de diámetro la convierten en la tercera de mayor tamaño de la cristiandad. Con esta foto queda claro el porqué de su nombre. En el horizonte, la extensión de un Madrid que nunca se termina bajo unas esponjosas nubes.

Uno casi puede percibir la cara de extrañeza con la que el templo religioso, terminado en 1784 y utilizado en tiempos pasados como hospital o cuartel, observa las llamativas burbujas de uno de los mercados más tradicionales de Madrid. Cercanas en la distancia pero lejanas en el tiempo, sus estilos son antagónicos. Así es Madrid, una sorpresa tras otra, una entrañable convivencia de edificios y formas que nos animan a cada paso. Por eso algunos como yo nos empeñamos en recorrerla con fervor. Un esfuerzo que siempre tiene su premio.

(Gracias a Ivan Pascual por compartir conmigo, y por lo tanto con todos vosotros, esta insólita perspectiva de nuestro querido Madrid. Aquí podréis encontrar más fotos suyas)

Madrid a todo color

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