No me canso de pasear por esta zona de Madrid, sin lugar a dudas la que más me sorprendió después de mudarme a la ciudad hace ya 7 años puesto que nunca me imagine descubrir en ella algo así. Es a orillas de la Calle Segovia donde florece una de las versiones más íntimas de la Villa, la que nos recuerda los coloridos orígenes de esta ciudad, entre pendientes y llamativas fachadas.

Por su alegre carácter es, al llegar el buen tiempo, cuando estas vecindades brillan con luz propia y nos invitan a pasearlas con detenimiento. Junto al Barrio de las Letras es, para mí, la zona más fotogénica de Madrid, donde basta voltear el cuello a cualquier dirección para descubrir una callecita o un balcón que hasta entonces había permanecido oculto.

La postal de esta semana corresponde al trayecto que va desde la Plaza de la Cruz Verde a la Calle del Rollo, un lugar muy recurrente en mis paseos por su belleza y ambiente reposado. Una cuesta escalonada, de anchos peldaños, que recorremos sin mucho esfuerzo bajo elegantes balconadas de forja.  Al final de esta pendiente nos aguarda una fachada cubierta de enredaderas y vegetación, una estupenda mirada que os animo a conocer por vosotros mismos.

Madrid son musicales, conciertos, compras y escenarios masivos de gente pero yo prefiero quedarme con esta versión mucho más íntima de la ciudad. En la que es posible perderse durante un buen puñado de minutos sin cruzarte con ninguna otra persona. A veces, te puedes sentir un náufrago urbano merodeando por estas callecitas y os aseguro que no hay sensación más bonita en este mundo que, precisamente, ésa.

Calle del Rollo, Madrid.

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