Por su magnífica ubicación, partiendo del mismo corazón de la Villa, la Calle de Toledo siempre se ha ofrecido con un importante jaleo sobre sus aceras. Ajena a las modas y al imparable caer de los años, comerciantes, peatones e incluso tranvías han sabido hacer de ella su particular hábitat, un espacio que aún en la actualidad nos sigue recordando a aquel ‘poblachón’ castellano al que le obligaron a crecer sin remedio. Pese a aquello, su alma no se negocia parece susurrarnos mientras la surcamos con actitud cercana.

Ésta fotografía antigua nos traslada de un vertiginoso salto al año 1890. En ella aparece retratada el inicio de esta vital vía para Madrid. En su primer tramo, el que colinda junto a la Plaza Mayor, vemos el denominado Portal de Cofreros, unos centenarios edificios que en sus plantas bajas cobijan unos soportales donde siglos atrás se ubicaron los miembros de dicho gremio. (No hay que olvidar que en esta parte de la Villa las referencias a los gremios son constantes como la Casa de la Panadería, la Casa de la Carnicería o el Arco de Cuchilleros). Con el paso del tiempo esta actividad cesó y aparecieron diversas tiendas de numismática que, en los tiempos que corren, han dejado su puesto a restaurantes y tiendas de souvernirs.

Según avanzamos por nuestro paseo imaginario, percibimos que la calle va cogiendo fuerza, aumenta el trasiego de almas. Carruajes de tracción animal cuyos ecos y traqueteos aún resuenan por este cauce urbano si cerramos los ojos, se concentran sobre aquel desgastado firme de adoquines. No hay que olvidar que ésta era una de las vías de acceso a Madrid y por lo tanto, durante siglos su espíritu comercial, especializado en vecinos fugaces, siempre se mostró inalterado.

Estaréis de acuerdo conmigo que de toda esta cotidiana imagen hay dos elementos que nos secuestran la mirada. La primera, esos rudimentarios toldos instalados en los bajos comerciales y que seguramente trataban de proteger a las mercancías del calor que apretaba Madrid en esos días. A muy pocos metros encontramos ese segundo matiz, el tranvía número 66 que parece desubicado y perdido en un escenario que nos recuerda más a las cintas de vaqueros del lejano Oeste y que quedó para siempre, retratado, en su pacífico ascenso hacia una verde y arbolada Plaza Mayor. Una intrusa que, de algún modo, anhelaba, y consiguió colarse en esta fabulosa escena que retrata al Madrid más sencillo.

Calle de Toledo en 1890, Madrid

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1 comentario

  1. Hola. Te sigo en Facebook desde hace algún tiempo y ahora en Instagram. Yo soy un enamorado de mi ciudad, MADRID, y contigo he descubierto cosas que no conocía, otras si. Acabo de empezar un blog de temática variada, y por supuesto, MADRID es uno de los temas. Te dejo el link para que le eches un vistazo http://www.entremicieloymisuelo.com Gracias por enseñarnos esos Secretos ocultos de las ciudad mas bonita del mundo

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