Cada vez que me topo con un antiguo recuerdo de Atocha y de su entorno no puedo desviar mi atención de aquella inverosímil estación de metro, una pequeña temeridad ya en aquella época y toda una quimera en nuestros tiempos. A pesar del firme paso de los años ya hace un casi un siglo, la zona condensaba un importante movimiento, obviamente no tanto de coches pero sí de peatones.

Mirando al frente se destapa un arbolado Paseo de la Infanta Isabel que ahora difícilmente podemos conocer tan vacío. En él ya apreciamos el entonces Ministerio de Fomento, obra del arquitecto Ricardo Velázquez Bosco e inaugurado en el año 1891. Además de la citaba estación- trampa del metro, una de las cosas que nos llama la atención es la numerosa presencia de árboles por todas las aceras ¡Qué agradable y reposado tenía que ser pasear por aquel Madrid!

La presencia de la estación ya nos acota de alguna manera la fecha de la foto puesto que se inauguró el 26 de diciembre de 1921 así que la escena que observamos tiene que ser posterior a tal año. Siempre tiendo a imaginar la enorme sensación de libertad que debían de padecer aquellos primitivos madrileños, al poder campar por sus anchas en pleno Madrid sin precouparse de ser arrollados por un conductor temerario, sin tener que vivir acotados entre aceras. La ciudad incluso debía de parecer más grande, menos hostil, considerablemente más cercana.

Estos viajes al pasado siempre vienen bien pero después del puente que acabamos de atravesar, casi que ayudan a reencontrarse con la identidad de la propia ciudad. Con estas imágenes antiguas los ojos y la cabeza se nos llenan de vértigo al comprender lo mucho que puede cambiar la vida de las ciudades, aunque el paisaje urbano se conserve relativamente igual. La pregunta que os lanzo es ¿Y cómo será Madrid dentro de otros 100 años? ¿Alguién se aventura a responder?

Glorieta de Atocha, Madrid

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