Ballena en MadridA pesar de que la playa más cercana de Madrid está a casi 400 kilómetros esto no implica que en la ciudad de la Puerta de Alcalá y la Gran Vía no hayan podido ver de cerca una ballena. ¿No te lo crees? Sigue leyendo el secreto de hoy y seguro que te llevarás una gran, y olorosa, sorpresa…

Resulta que en el año 1954, en aguas del Océano Atlántico fue capturada una enorme ballena de imponentes dimensiones.  Nada más y nada menos que 20 metros de largo y 60 toneladas de peso. Un animal que algún avispado empresario rápidamente debió de ver como un lucrativo negocio “¿Y qué tal si lo llevamos a Madrid como atracción turística?” Dicho y hecho. Muy poco tiempo después el cetáceo era exhibido en el corazón de la península ibérica, muy lejos de su hábitat natural.

Después de llegar a la capital transportada en un camión especial, el lugar escogido para esta esperpéntica atracción fue la zona de Moncloa, enfrente del Cuartel General del Ejército del Aire. Allí se montó un barracón en el que los asistentes, previo pago de una entrada de dos pesetas, podía ver el cuerpo sin vida de Moby Dick (que así se le bautizó  a la pobre). Elevado sobre unos trípodes los asistentes podían ver e incluso posar con un animal que nunca antes habían tenido delante. Sin embargo, al poco tiempo lo que se prometía como un ventajoso negocio se convirtió en un nauseabunda pesadilla.

Anuncio en el ABC del 15 de junio de 1954:

Anuncio en el ABC del espectáculo de Moby Dick en Madrid

 

Entre el intenso calor que golpea a Madrid ya con fuerza durante esa época del año y la nula refrigeración de la sala hicieron que el estado de conservación de la ballena cayese en picado. No sólo el animal se empezó a descomponer, ofreciendo un espectáculo visual de lo más dantesco, si no que además el cadáver, de 60 toneladas no lo olvidemos, empezó a desprender un olor insoportable. Unos fortísimos efluvios que invadieron no sólo el interior del barracón, sino toda la zona, lo que provocó las lógicas quejas de los vecinos.

Ballena en Madrid

La pésima conservación del cetáceo hizo que el negocio tuviese que darse por concluido mucho antes de lo previsto. De la noche a la mañana, el 27 de junio, desapareció de Moncloa el cuerpo de la ballena sin que nadie sepa hasta la fecha donde terminó. Sin embargo, aquella fugaz y sorprendente presencia dejó una expresión que resultó muy utilizada en los años sucesivos a Madrid, la de “oler a ballena”. Si alguna vez la habéis oído, ahora ya sabéis de donde procede.

Exposición de una ballena en Moncloa, en 1954, en Madrid

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