La temperatura adecuada, la calidad del corcho, la copa propicia. Son variados los factores que influyen para que el sabor de un vino se pueda apreciar por completo, sin despreciar ninguno de sus matices. Sería curioso saber si, cumpliendo todos esos requisitos y consideraciones, se podría distinguir así el especial sabor de un caldo que durante un tiempo se despachó en Madrid. Un vino cuya fórmula secreta y legendaria pasamos a desvelar hoy.

Calle Mesón de Paredes.  A medio camino entre Lavapiés y El Rastro. Casticismo puro y duro, por donde leyendas y secretos deambulan con sus manos entrelazadas. Es en esta zanja urbana donde se sostiene firme la Taberna de Antonio Sánchez, de las más veteranas y auténticas de Madrid. Muy vinculada al mundo del toro, su mostrador y paredes son parte de la historia viva de la ciudad. En su origen, antes de su papel de taberna fue una bodega, es aquí cuando se empieza a tejer el relato  que os quiero contar.

Vino Taberna Antonio Sánchez, Madrid

Nos trasladamos a la Guerra de la Independencia. Os podéis imaginar al tirria que tenían los madrileños  a todo lo que desprendía durante esos revueltos días aroma a Francia. Según la leyenda, es en estas fechas cuando varios vecinos del barrio se topan con un soldado francés que deambulaba, despistado, por el barrio. Dada su superioridad numérica nos les resultó difícil rodearlo y, aunque suene duro, acabar con él. Pero, una vez abatido el enemigo, ¿Qué hacer con su cadáver? Los madrileños intuyeron que si los demás soldados encontraban sobre el suelo el inerte cuerpo de su compañero las represalias serían contundentes, ¿Dónde podrían esconderlo con la seguridad de que nadie jamás lo encontrase? Fue entonces cuando las miradas se dirigieron a esta salvadora bodega.

En su planta inferior contaba una cueva con enormes tinajas donde se almacenaba el vino. Sin lugar a dudas todos cincidieron que aquel sería el escondite ideal. Dicho y hecho. Los madrileños introdujeron el cuerpo del soldado francés en la tinaja número seis y allí lo dejaron reposar por siempre, materializando así su plan perfecto. Lo curioso de todo es que, por lo visto, durante mucho tiempo el vino procedente de esa barrica no sólo se estuvo consumiendo sino que, además, era alabado por su especial sabor. De hecho se hizo tan conocido que la gente acudía a este lugar y solicitaba de manera explicita “vino de la cuba del francés”.

¿Una venganza real? ¿Un chascarrillo legendario? Sea como fuere, así ha llegado hasta nuestros días este curioso relato del que, quizás, fue el vino más peculiar de los muchos que nunca se han saboreado en Madrid. Un gran reserva castizo como pocos.

Vino Taberna Antonio Sánchez, Madrid

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