Me cruzo con ella todas las mañanas. Inerte, silenciosa, con la mirada vacía. En la génesis de la Calle Mayor habita un robusto edificio de cuerpo rectangular sin ningún tipo de belleza que hoy, en nuestros movidos tiempos, ha quedado totalmente relegado al ostracismo. Un secreto en plena Puerta del Sol que busca unos oídos a los que revelar su callado mérito, el mismo que os desvelaré en las siguientes líneas.

Esta construcción, levantada en el año 1846 y donde se ubicó anteriormente el Convento de San Flipe Neri y sus famosas gradas, es conocida como la Casa de Cordero. Su denominación hace referencia a su promotor, Santiago Cordero, un leonés cuya vida y milagros dan para varios posts, una de las grandes fortunas de la España del Siglo XIX y a cuya identidad le persiguen célebres leyendas y chascarrillos. La Casa de Cordero se ha visto fagocitada por los tiempos modernos. Perdió lustre y presencia a la vez que los locales de comida rápida y las casas de apuestas se iban enquistando en sus bajos. Tan sólo un par de escudos heráldicos en sus esquinas nos hacen intuir su noble pasado.

Una manzana de ubicación maravillosa y hoy, totalmente anónima, que arrastra un singular secreto. La Casa de Cordero está considerado el primer bloque de viviendas que tuvo Madrid tal y como se conciben en la actualidad. La primera casa de vecindad que se asomó a la Villa. Ahí es nada. La próxima vez que la veáis, dedicadle un par de miradas.

Casa de Cordero, Madrid

Compartir.

Sobre el Autor

Dejar una Respuesta