Por todos son conocidos el Motín de Esquilache o el de Aranjuez pero hoy vamos con un levantamiento espontáneo y popular, mucho menos mentado y con una característica notable, lo protagonizaron unas aguerridas mujeres: el Motín de la Alcachofa.

Éste tuvo lugar en un punto muy concreto de la capital, el Mercado de la Cebada de La Latina. Resulta que por sus puestos, galerías y aledaños, a finales del Siglo XIX se propagó el rumor de que muchas de las hortalizas que allí se vendían portaban unos microbios de lo más dañino para la salud humana.  Claro, aquello se extendió como la pólvora y las ventas se quebraron por completo, particularmente las de las alcachofas, el producto que más sospechas y temores provocó.

Las verduleras de Madrid, hartas de esta situación que ponía en severo riesgo su economía no tardaron en montar un considerable revuelo en pleno mercado ante la estupefacción de los clientes pero lo más chocante de este episodio, aún estaba por llegar. Tuvo que acudir el Gobernador Civil, Raimundo Fernández Villaverde, para apaciguar los ánimos y le sorprendió un recibimiento de lo más explícito, una lluvia de alcachofas arrojadas por las enfurecidas verduleras que buscaban algo de apoyo por parte de la administración. A Fernández Villaverde no le gustó aquello y mandó entonces a las autoridades que cargasen contra ellas además de aplicarles duras sanciones en lo que se conoció, a partir de ese momento, como el Motín de la Alcachofa.

Tras el revuelo inicial, uno y otros terminaron por templar sus ánimos y con el paso del tiempo las hortalizas del Mercado de la Cebada recuperaron su buena salud y fama, dejando para el recuerdo este insólito capítulo de Madrid.

Mercado de la Cebada

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