En las siguientes líneas vamos a rescatar del olvido una de las muchas y desaparecidas profesiones que se perdieron en Madrid (y en otras localidades) con el avance de los años. Para conocerla, nos vamos al Siglo de Oro de las Letras, el Siglo XVII. Es en esta época cuando viven su máximo esplendor los Corrales de Comedias, esos patios de vecindad de formas rectangulares en donde se representaban las numerosísimas obras que iban viendo la luz, día sí y día también.

En estos lugares había un oficio muy concreto, el del ‘apretador’ o ‘desahuecador’. Como su nombre ya indica su función era la de apañárselas para que en el reducido espacio pudieran caber el mayor número de espectadores posibles. Algo así como un acomodador moderno pero con una carga más estresante de trabajo, lo que bien nos podría hacer recordar a esas personas que, en la hora punta del metro de Tokio, empujan y aprietan a los pasajeros hasta que las puertas del coche logra cerrarse.

Estos apretadores hacían básicamente lo mismo (imaginaros lo cómodo que tenía que ser ver una obra de larga duración enlatados como sardinas). Lo curioso es que en la zona donde se ubicaban las mujeres, como no podían tocarlas, disponían de una vara con la que aplastar y quitar el volumen de sus aparatosos vestidos que quitaban un espacio vital con el fin de que entrasen en ‘la cazuela’, que así se llamaba la parte del corral y del aforo destinada a las damas.

Hoy en día, con las vigentes leyes de aforo y demás, poco futuro tendrían estos apretadores.

Corral de Comedias Secretos de Madrid

Ilustración de Juan Rana

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