Cafés con encanto, tiendas de ropa vintage, locales de coworking…hoy el paisaje urbano de Malasaña está destinado a un público bastante concreto y definido. Un barrio imprescindible, activo y despierto que resulta básico para entender el Madrid actual. Además, uno de sus grandes rasgos es su capacidad para evolucionar y adaptarse a los nuevos tiempos, una bondad que hoy descubriremos, procede desde muy lejos.

Sabemos cómo es el Malasaña de ahora, lo que hubo en un tiempo inmediato anterior y lo que otros documentos gráficos nos han ido susurrando pero, remontémonos mucho más en el tiempo. Viajemos a la Edad Media ¿Os podéis hacer una idea de lo que hubo en estos terrenos por donde ahora avanzan la Calle Pez o la Calle Espíritu Santo o incluso la Plaza del Dos de Mayo.

Espiritu Santo, Malasaña, Madrid.

Tal y cómo dice Carlos Osorio en su libro Malasaña, “la zona sobre la que se asienta el barrio era un encinar salpicado de tierras de cultivo. La Dehesa de Amaniel fue en sus orígenes un coto real de caza que, posteriormente se destinó a usos ganaderos. Además de las fincas que poseían los nobles y la Iglesia, había cultivos y huertos particulares, y eran frecuentes los campos de cereal (trigo y cebada).  El siglo XIV fue particularmente duro: las continuas lluvias torrenciales arrasaron los cultivos provocando la hambruna, a lo que se sumó la llegada de la peste

Así que ya lo habéis leído, un encinar, un coto de caza y campos de cereales…¡Igualito que ahora!

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