El hecho de que un monumento se convierta en un emblema de la ciudad es toda una incógnita. No sólo obedece a motivos meramente estéticos, sino sentimentales. Hay piezas que desprenden una empatía innata, que conecta a la perfección con los habitantes que la ven día a día. Es lo que sucede por ejemplo con ‘El Oso y el Madroño’ o con la conocidísima Puerta de Alcalá. Esta segunda, auténtico icono de Madrid, casi sin quererlo. La cultura popular se encargó de ensalzarla y ella, sabiéndolo, posa cada jornada ante los cientos de cámaras y objetivos que tratan de llevarse un pecadito de su aura.

Pero, ¿Cuánto se tardó en hacerse realidad esta obra? Hay que decir que antes que ella hubo otras de diseño muchas humildes pero Carlos III cuando llegó a Madrid una de sus primeras órdenes fue que levantasen una puerta de acceso que estuviese a la altura de la ciudad desde la cual iba a reinar. El encargado para tal fin fue el arquitecto italiano Francesco Sabatini al que le debemos la Puerta de Alcalá, majestuosa y cargada de significados, que hoy admiramos. Sus obras empezaron en 1769 y se concluyeron en 1778. En total 9 años de trabajo invertidos para una obra cuya fama y relevancia son ya eternas.

Puerta de Alcalá hacia 1855, Madrid

Puerta de Alcalá hacia 1855

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