Estamos acostumbrados a ver como los diferentes elementos urbanos que dan vida a nuestras ciudades se levantan de la nada. Muchas veces su crecimiento es tan fugaz que tenemos la sensación de que han aparecido por arte de magia ante nuestros ojos. Lo que ya no es tan usual es que éstos hagan acto de presencia desmontados y repartidos en rústicas cajas de madera, tal y como hizo el Templo de Debod en 1970.

La llegada de este emblema a Madrid fue una pequeña odisea tal y como se puede contemplar en la fotografía que en esta ocasión he decidido compartir con vosotros. Como muchos sabréis esta construcción religiosa fue un regalo que hizo el Gobierno de Egipto a España por su generosa ayuda económica a la hora de salvar los diferentes templos de Nubia. El curioso presente permaneció en un almacén en tierras africanas durante varios años hasta que el 6 de junio de 1970 partió en el buque ‘Benisa’ desde Alejandría hasta el puerto de Valencia, lugar al que llegó 12 días más tarde.

Una vez en suelo patrio, los 1.356 bloques que conformaban el envío cambiaron de medio y mutaron el agua por las carreteras españolas y llegaron a Madrid repartidos en 90 camiones. ¿Su destino final? La Montaña del Príncipe Pío, un pequeño alto junto al Parque del Oeste y en cuyo lugar antaño se ubicó el Cuartel de Montaña. Su vida tendría un antes y un después tras la llegada de este milenario y mágico santuario.

No obstante para ver el templo finalizado y en pie habría que esperar dos largos años ya que todavía quedaba por delante la tarea más ardua, la reconstrucción. Una vez en Madrid, el equipo encargado de los trabajos cayó en la cuenta de que el Servicio de Antigüedades de Egipto había enviado escasa documentación para su montaje (un plano, algunas fotografías y un croquis del alzado) a lo que hubo que sumar que muchos de los bloques estaban sin numerar. Os podéis imaginar lo complicado de aquella empresa.

Finalmente, en 1972 el Templo de Debod comenzaba su bonita sintonía con Madrid y en la actualidad es uno de los sitios más bellos y armónicos de la capital. Un espacio elegante y pomposo que, como hoy vemos, tuvo un inicio de lo menos glamuroso. Pocos podían imaginar que, en el interior de todas aquellas cajas de madera, apiladas sin mucho concierto, aguardaba impaciente uno de los grandes tesoros de Madrid.

Templo de Debod desmontado en cajas, Madrid

 

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1 comentario

  1. Gracias por compartir esta historia.
    Mi abuelo me cuenta que fue uno de esos 90 camiones encargados en traer las piedras desde el puerto de Valencia a Madrid.
    Siempre que paseo por allí sé que dos de esas piedras las trajo él.

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