Reconozco que no voy tanto por ella como quisiera pero la Plaza de las Cortes siempre me regala un instante de serenidad en cada ocasión que me acerco a visitarla. A pesar de situarse muy próxima a grandes reclamos turísticos como la Fuente de Neptuno, la Puerta del Sol o el Museo del Prado, habitualmente no se encuentra tan solicitada como podría parecer a priori. Aún así, le sobran argumentos para protagonizar la postal de esta semana.

Instalada enfrente del imponente Congreso de los Diputados, muchas de las personas que pasan por aquí desvían su atención y mirada por este brillante edificio custodiado por leones, ignorando la placita que se ubica a escasos pasos y que nos regala una de las miradas más bonitas de Madrid. Desde ella, gracias a la pendiente que desciende hasta morir en el Paseo del Prado se otea una bonita perspectiva, gozando con la siempre interesante compañía de Miguel de Cervantes. Sus ojos y los nuestros no pueden evitar clavarse en la Iglesia de los Jerónimos, construcción del Siglo XVI cuyas torres nos saludan desde la lejanía.

Aquel día que pasé por ella unas inquietantes nubes amenazaban con lluvia, una descarga en forma de agua que no llegó a hacerse realidad. A pesar de su presencia, tras cerciorarme de la mustia soledad de Cervantes no dudé en acercarme a él y compartir con su figura este tímido atardecer que hoy comparto con vosotros. Unos segundos de tranquilidad y reflexión que siempre son bien recibidos. Madrid está repleto de rincones como éste que nos envuelven en sensaciones opuestas, discretos miradores siempre obstinados en regalarnos la mejor postal de la Villa.

Plaza de las Cortes, Madrid

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