Una gota de color a la deriva en mitad de la balsa histórica de Madrid. Así es la Plaza de la Villa, espacio curtido en mil avatares, que ahora se relaja en una vida más contemplativa y calmada. Casi una pieza de exposición, bien lustrada y abrillantada, para que los turistas que se acercan a ella puedan contagiarse de su relevancia. De su encanto.

La Plaza de la Villa fue uno de los primeros grandes impactos que me provocó Madrid. Descubrirla por casualidad, cuando apenas conocía nada de esta ciudad, me hizo entender que esta urbe era mucho más que la Gran Vía y las tiendas de Fuencarral. Entendí que bajo su máscara de capital europea y cosmopolita, se cobijaban siglos de historia. Un pasado que nunca terminó de cerrar la puerta, precisamente porque son muchos los recovecos de la Villa que han aguantado, con firmeza, el paso de los años. Los cambios físicos y sentimentales de una ciudad que se engalana y se desmaquilla con viveza, pero que jamás se termina de ir.

Aquí estuvo durante  instalado el Ayuntamiento de Madrid desde 1683 hasta 2007 precisamente en la Casa de la Villa, el edificio que asoma por el margen izquierdo. Es decir, todas las cuestiones que iban marcando el progreso y avance de esta ciudad se tomaron en este coqueto recinto.

Me gusta esta vista de la Plaza de la Villa ya que forma parte de su cara B, habituados a mirarla de frente, en esta ocasión, nos ponemos en su lugar. Somos nosotros los que observamos, los que contemplamos ese desfile de vida que se mueve por la orilla de la Calle Mayor en una postal, colorida y repleta de belleza. Así de bonita me recibió el otro día y no he querido tardar demasiado en compartir con vosotros esta visión tan castiza. Tan pura, tan eterna.

Plaza de la Villa

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2 comentarios

  1. Como curiosidad, justo enfrente de la Casa de la Villa se encuentra la edificación civil más antigua de Madrid. la Casa de los Lujanes, del siglo XV, lógicamente reformada.

  2. Álvaro de Bazán preside esta plaza desde años ha. Pero la verdad es que existió un proyecto (hace apenas cuatro o cinco años) que contemplaba que esta estatua de Mariano Benlliure fuera junto al Cuartel general de la Armada y aquí viniera la famosa de Felipe II. Al final, votación popular mediante, parece que la propuesta se quedó en nada.

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