El sábado pasado mientras me dirigía la centro de Madrid mi calle predilecta me sorprendió con una escena casi apocalíptica, una suerte que por lo raro y poco común creo que os sorprenderá a todos, uno de esos instantes que merecen la pena ser fotografiados.

Iba montando en el autobús cuando al llegar a la Plaza de Colón el conductor detuvo el vehículo y nos pidió de manera cortés que nos bajásemos del vehículo a todos los pasajeros: “Hay una manifestación y está el tráfico cortado”, a lo que pensé al instante “Vaya suerte la mía” mientras me apeaba resignado. Pero ya sabéis aquello de que no hay mal que por bien no venga y es que, por enésima vez, Madrid me tenía reservaba otra nueva sorpresa.

Mientras subía por la Gran Vía, a lo largo de su primer tramo, observé como decenas de coches aguardaban la señal de guardia de tráfico para poder avanzar. Lo mismo se intuía al otro extremo de la calle. Una tregua que dejaba al tramo central de esta arteria, el más intenso y animado, siempre y a cualquier hora de día, casi sin alma, vacío.

Se me hizo hasta extraño ver esas construcciones como el Oratorio del Caballero de Gracia o el Edificio Telefónica sin el runrún que acostumbran llevar de fondo. El trillado asfalto se contagiaba del poderoso cielo azul que nos cubría ofreciendo una escena inquietante. Una calma intranquila que imagino no duró mucho pero que gracias a esta foto podremos revivir tantas veces como queramos.

 

Gran Vía sin tráficogran

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