En una ciudad activa y revoltosa como Madrid siempre hay instantes que se nos escapan, principalmente porque su vida no se detiene en ninguna franja horaria. Esto hace que durante las 24 horas que dura el día, la ciudad se empeñe en atacarnos los sentidos con bellísimas imágenes. Momentos que de no ser por la labor de algunos de los estupendos fotógrafos que la surcan hasta la extenuación se desvanecerían en el más cruel de los olvidos.

Por suerte, siempre hay algún osado, cámara en mano, a la hora más intempestiva con la bendita intención de captar un recuerdo único. Un ejemplo de ellos es Antonello Dellanote, quien en su proyecto Retiro Experience acumula la que, para mí, resulta la galería fotográfica más bellas de cuantas han puesto sus ojos en este emblemático y vital espacio para los madrileños. Una web en la que se captura con una singular elegancia todo el esplendor del Retiro. Sus rincones, sus horas muertas, sus monumentos, una colección de retratos que cualquiera que aprecie este parque debe conocer.

En esta ocasión comparto con vosotros un momento que irradia tanta belleza como tranquilidad. Las primeras luces del día visten de dorado el estanque de un parque del Retiro que todavía duerme y que muestra su lado más iintrovertido. Entre sombras, un grupo de remeros, más madrugadores incluso que el propio sol, avanzan en su embarcación sin oposición ni obstáculo alguno. No hay barcas kamikazes ni músicos callejeros ni bullicios incómodos. Tan sólo ellos y un estirado Alfonso XII que desde su altísimo pedestal parece agradecer la tempranera compañía. Casi se puede palpar el silencio, sólo roto por las batidas de los remos contra el agua.

Cautiva esta foto precisamente por lo que relataba al inicio. A ciertas horas de riesgo donde la mayoría aún sueñan y algunos todavía no han pasado por casa, la ciudad sigue destilando momentos únicos. Al final va a ser cierto, Madrid nunca duerme.

Amanecer en el Parque del Retiro. Madrid

 

 

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