Siempre que pasaba por ella se repetía en el interior de mi cabeza la misma, y absurda deducción. La de imaginar que la Calle de Jordán, situada en el Barrio de Trafalgar, fuese en honor a mi gran ídolo de adolescente, el ex jugador de baloncesto Michael Jordan. Un homenaje, tan imposible como inexplicable en el castizo Chamberí que sólo era capaz de adquirir sentido en mi dispersa mente.

Cada ocasión que he leído ese letrero azul que señala la calle no he podido , ni podré evitar, el acordarme de aquel deportista que a tantas generaciones marcó. Aún así luego, a mi disparatado pensamiento le proseguía una duda “Realmente, ¿A qué Jordán rendía honor esta sencilla calle?”. Reconozco que en la totalidad de las veces la asocié al famoso río de gran presencia en numerosos paisajes bíblicos, y que recorre algo más de 360 kilómetros de cauce antes de desembocar en el Mar Muerto.

Siempre tuve claro que esta importante corriente de agua era la culpable de que esta callejuela recibiese esta denominación. Una discreta vía que nace perpendicular a la Calle de Fuencarral, muy próxima a la Glorieta de Quevedo y que nos lleva sin sobresaltos hasta la Plaza de Olavide. Por suerte, una vez más los libros me hicieron caer en la cuenta de mi error, de que muchas ocasiones las suposiciones no son más que eso, suposiciones, que de no ser contrastadas nos harán vivir en un desliz continuo.

Hace tiempo, cuando cayó en mis manos un libro titulado “Los nombres de las Calles de Madrid” y en el que se explican los orígenes de éstos, el de la Calle de Jordán fue uno de los primeros que quise certificar. Mi sorpresa fue notable cuando vi que nada tenía que ver con el río y, obviamente, mucho menos con el legendario jugador de los Bulls. El personaje al que, sin saber, tanto tiempo había buscando nació mucho más cerca de Chicago, concretamente en Valladolid, en 1548. ¿Su nombre? Esteban Jordán, un eminente artista del Siglo XVI y que destacó por haber hecho sus pinitos en distintos campos artísticos ya que fue pintor y también ejerció como arquitecto aunque su faceta más recordada fue la de escultor, de hecho, llegó a ser Escultor de Cámara de Felipe II, durante los diez últimos años de su vida-

Esteban Jordán falleció en el año 1603 y dejó como legado un importante elenco de obras visibles por ejemplo en Valladolid o quizás más importante, el retablo mayor del Monasterio de Montserrat, trabajo por el cual recibió 10.000 ducados. Muchos siglos después de aquello, una callecita que habita uno de los barrios más atractivos de Madrid sigue llevando su nombre. Un meritorio homenaje aunque más de uno nos encarguemos en tirarlo abajo con nuestras disparatadas teorías.

(Foto de la entrada obra de Vetëvendosje)

Glorieta de Quevedo, en Madrid

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