Una pared de ladrillo que, cada vez que camino a su lado, me reta y desafía. Ella es parte de uno de los secretos de Madrid que, por el momento, se me resisten. No me importa, sé que tarde o temprano, acabaré recorriendo las frescas y silenciosas galerías del Convento de las Carboneras. De momento, le daré tregua, hoy sólo hablaremos del porqué de su nombre.

Supe de la existencia de este lugar, cuyo nombre oficial es Convento de las Carboneras del Corpus Christi, a raíz de mis constantes idas y venidas por la Calle del Codo, una de las que más apego tengo de todo Madrid. Es en uno de sus extremos, en la desembocadura de la Plazuela del Conde de Miranda, cuando las fachadas se convierten en un sobrio muro de ladrillos. La evidente frontera que marca la separación entre la vida vecinal y la de clausura. Aquí empieza nuestro secreto.

Convento Carboneras Madrid

Este convento se fundó a inicios del Siglo XVII, cuando reinaba en España Felipe III. Aquel 1607 empezaron a llegar las primeras monjas de la orden jerónima. Una comunidad que desde entonces no ha abandonado este tranquilo entorno. Pero, ¿Y el porqué de su nombre? ¿A qué viene eso de las carboneras? Todo se debe a una pintura de la Virgen Inmaculada que fue encontrada en una carbonera, mientras unos niños jugaban con ella. Aquella imagen fue rescatada por una mujer y donada a este convento, lugar en el que, desde entonces, se le venera.

Convento Carboneras Madrid

Por el sorprendente origen de este hallazgo, a las monjas del convento, y al edificio en sí, se le empezó a denominar en todo Madrid como “las carboneras”. Una denominación que ha llegado hasta nuestros días. Otro día os hablaré del sabroso secreto que aguarda en este lugar, los dulces y las galletas que las monjas siguen preparando para su venta, con recetas tradicionales y artesanas de hae siglos, y que se pueden adquirir a través de un torno. Pero todo eso será, en otra entrega…

Imágenes de la entrada de ViendoMadrid

Compartir.

Sobre el Autor

Dejar una Respuesta