Rarísima es la vez que, caminando junto al Paseo del Prado no nos encontramos varios grupos de personas (casi siempre  turistas) haciéndose fotos e inspeccionando el Museo del Prado. No es para menos ya que se trata de una de las pinacotecas más famosas del mundo y el año pasado recibió cerca de 2.700.000 visitas. Muchas de ellas repiten dado el nivel de las obras que albergan sus galerías pero, sea el día que sea, siempre hay tres personajes que no abandonan al museo bajo ninguna circunstancia. Goya, Velázquez y Murillo. Tres ilustres artistas que custodian las tres fachadas que dan al paseo del Prado y que llevan sus mismos nombres: Puerta de Velázquez, Puerta de Murillo y Puerta de Goya.

Este hermoso edificio, construido por Juan de Villanueva en el año 1785 consta de tres imponentes accesos. Seguramente el más conocido es el de Velázquez, ya que es el más noble, el que regala su elegancia al Paseo del Prado. El de Goya quizás sea el más transitado, quizás por aquello de que, bajo la rígida pose y mirada del pintor aragonés se encuentran las taquillas del muso. Por último, tenemos la puerta más discreta de todas, la de Murillo. Quizás por eso, por su aroma calmado sea mi preferida. Tres caras igualmente notables pero ¿Por qué?

Resulta que en uno de los primeros proyectos que se planteó para este edificio la idea era que albergase tres espacios distintos: Museo, Academia y Sala de Juntas. Por ello se idearon tres entradas diferenciadas. Finalmente la función de museo se apoderó de todo el edificio dejando estéril este primer planteamiento pero que nos regaló un nuevo secreto de Madrid. Otra curiosidad más con la que contemplar la ciudad desde una amable perspectiva.

Museo del Prado

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