Cuando vives en Madrid y formas parte de su día a día es fascinante ver cómo cada barrio funciona y avanza de manera independiente, pero formando parte a su vez, de un ente superior que lo engloba. Como si fuesen pequeñas partes de un todo que conviven dentro de un enorme engranaje. Y es que, su recortases un barrio de la capital y lo ubicases en otro espacio, él seguiría como si nada. A sus cosas, silbando con las manos en los bolsillos. Con sus problemas, con sus virtudes, con sus lamentos. Por que sí, por que cada barrio tiene sus propios órganos, su propio cerebro y su propio corazón. Y sin duda, si nos damos una vuelta por el barrio de las Letras tratando de averiguar desde dónde se bombea su sangre, nuestros pasos terminarán por llevarnos, casi sin darnos cuenta, hasta la Plaza de Santa Ana.

Este espacio pasa por ser uno de los más animados de Madrid, con eso le basta y le sobra para aparecer en todas las guías turísticas como una de las plazas más importantes de la Villa. Pero os propongo dejar de lado su mirada más actual, la que baila entre jarras de sangría, terrazas y vendedores ambulantes. Mirémosla con calma y detenimiento. Tomemos aire y dejémonos llevar por su historia. Monumentos a escritores, la presencia del Teatro Español. Letras y más letras. Aquí, por fortuna, una simple mirada bastará para asimilar las constantes referencias y guiños a la literatura.

Antes de entrar en harina, empecemos por su nacimiento. Bueno incluso antes de que ella existiera. Siglos atrás, como era previsible en el Madrid más vetusto, el lugar donde se encuentra estaba ocupado por el Convento de las Carmelitas Descalzas de San José y Santa Ana. Éste era uno más de los muchos conventos existentes en Madrid que empezaron a tiritar con la llegada al trono de José Bonaparte. Al hermano de Napoleón pronto le apodaron ‘el Rey Plazuelas’ por su obsesión de abrir espacios urbanos a causar de derribar otros tantos edificios. Este convento fue una de sus muchas víctimas ya que él consideraba prioritario levantar un plaza en una de las zonas más asfixiantes de la Villa. Por eso, en recuerdo a aquel convento se le bautizó como la Plaza de Santa Ana. Entonces las hojas del calendario marcaban el año 1810.

Plaza Santa Ana, Madrid

Después, y de manera temporal, tuvo otras denominaciones, como la Plaza del Príncipe Alfonso, pero para los madrileños siempre fue Santa Ana y así se quedó. Para entonces este lugar ya era famoso por sus cafés, por ser el punto de encuentro de los vecinos del barrio. Poco a poco, los bajos de su perímetro se fueron llenando de establecimientos hoy clásicos, como la Cervecería Alemana, muy frecuentada por Ernest Hemingway por cierto. Ah! Hablando de su perímetro imposible pasar por alto en uno de sus lados el Teatro Español que se levanta en el lugar donde mucho antes estuvo uno de los corrales de comedias más famosos, el Corral del Príncipe, abierto en 1583. En el lado opuesto, la fachada más señorial y elegante del lugar, el hoy Hotel Me. Todo un espectáculo de alma morada al caer la noche. Alojamiento que anteriormente se llamó Reina Victoria y que, originalmente, albergó los Almacenes Simeón. Por cierto, cuando fue el Hotel Reina Victoria se le conocía como el ‘hotel de los toreros’ ya que estos se solían alojar aquí cuando venían a torear a Madrid, de hecho, se dice que Manolete siempre utilizaba la misma habitación.

Almacenes Simeon, Madrid

Este epicentro del Barrio de las Letras es hoy un lugar donde pocos se detienen si no es en sus terrazas pero ¿Sabías que fue la primera plaza peatonal de Madrid? Así es, este mérito lo obtuvo en el ya lejano año 1925. Por cierto, mucha gente va y viene y pasa por ella, turistas, castizos y algún que otro curioso. Los que llevan en ella ya mucho tiempo, aguantando temperaturas y condiciones de toda índoles, son sus dos vecinos más famosos. En un extremo Calderón de la Barca, quien lleva ahí desde 1879, y en el otro (mucho más reciente por cierto), Federico García Lorca, quien se ubica aquí desde 1996. Estoy convencido de que, cuando la noche se apodera de la plaza y nadie les ve, ambos intercambian pensamientos sobre lo mucho que ha cambiado este lugar con el paso de los años. No obstante, algo sigue igual, por mucho que todo se mueva o modifique, esta Plaza de Santa Ana, pase lo que pase, seguirá siendo, siempre, el corazón del Barrio de las Letras.

Plaza de Santa Ana, Madrid

Plaza de Santa Ana, Madrid. Foto de Guía del Ocio

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