Hay imágenes que transmiten tanta serenidad que uno las observa casi de puntillas, como sin querer entrometerse en lo que tiene delante de sus ojos. Así me siento con esta fotografía de Ignacio Gómez Cuesta, en la que vemos Madrid conciliando el sueño, sereno, respirando con una calma que nos adormece.

La Basílica de San Francisco el Grande nos hace sentirnos diminutos de día al pasar junto a su enorme cúpula, recordemos que es la tercera de mayor diámetro de toda la cristiandad. Una presencia visible desde muchos puntos de la capital. Aquí la vemos elegante e iluminada, disfrutando de su palco de honor, el que le ofrece la oportunidad de experimentar unas vistas únicas sobre el distrito de La Latina, oteando la vida y enseres de barrio como Puerta del Ángel o Los Cármenes.

En esta serena mirada de una zona ya de por sí, hermosa, cabe destacar la presencia de la pequeña Capilla de San Francisquín, compartiendo murete con su “hermana mayo” y de la que os tengo que hablar en un futuro, puesto que es uno de los más interesantes secretos de Madrid. Edificios históricos sobre los cuales se salta un hermoso horizonte.

Acostumbrados a vivir y chapotear en ese Madrid animado e incansable, cuando lo vemos así recostado, no queda otra que encariñarse con él. Imágenes que nos muestran la versión más polifacética de la Villa y Corte.

Basilica de San Francisco el Grande, Madrid

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