Si de algo nos están sirviendo estos duros días en los que nos encontramos es para dar más reconocimiento a distintos sectores y gremios de la población a los que habitualmente no valoramos  tanto. Gente que, por su esfuerzo y generosidad, se están convirtiendo en auténticos héroes que no están dudando en poner su vida en riesgo por salvar las de otras personas que ni siquiera conocen. En homenaje a ellos va este post en el que recorremos las calles de la villa rescatando unas cuántas historias de otros héroes, algunos de ellos realmente anónimos, que en el pasado no titubearon en poner a salvo a otras personas, aún del riesgo que podían correr.

Angel Sanz Briz ‘ ‘el Schindler español’
A la altura del número 93 entre las calles de Diego León y Maldonado una carterl de color amarillo no recuerdas donde vivió ángel Sanz Briz uno de los personajes más infravalorados de la historia reciente quien se las ingenió para salvar del holocausto a más de 5000 judíos. Un verdadero héroe olvidado que merece un mayor reconocimiento. Primeramente trabajando en El Cairo y más tarde en el año 1942 fue enviado a Budapest, aquí es donde llevaría a cabo su salvadora labor en plena efervescencia de la maquinaria nazi para dominar el mundo. Este aragonés fue poniendo muy pronto en conocimiento al gobierno franquista mediante carta, las inhumanas medidas que los nazis iban adoptando contra la población judía.

Este diplomático otorgó, con el consentimiento del gobierno de Franco, pasaportes y cartas de protección a tantos judíos como pudo, algo que en teoría solo era posible para los judíos sefardíes (aquellos que podían alegar y demostrar un vínculo con España ) pero este hombre no dudo en poner en su propia persona en riesgo, inventando la mayoría de los casos estos datos. Gracias a estos documentos se salvó de una muerte casi segura a más de 5200 personas de los cuales se cree que solo unos 200 eran, realmente, de origen sefardí.

Fermín Peralta Vázquez.
Este almeriense acaparó varias portadas cuando en enero de 1868 se dio un paseo por el Parque de El Retiro Allí quería disfrutar de esa bonita postal que nos ofrece este parque de Madrid las mañanas de invierno. De pronto un bullicio y voces de alarma quebraron su calma. Tres niños que caminaban sobre la superficie helada del estanque hasta que ésta se fracturó y cayeron al interior, a unas aguas gélidas.

Por suerte allí estaba Fermín, quien no dudó ni un instante. Se quitó el abrigo y la chaqueta y se lanzó al rescate de los zagales. Una primera y heroica reacción a la que le acompañó un empleado del parque de nombre Fernando Múgica. A pesar de los cortes originados por las placas de hielo, Fermín pudo rescatar a dos de los tres pequeños. El tercero falleció debido a las bajas y prolongadas temperaturas que tuvo que soportar su débil cuerpo. De no haber sido por la intervención humanitaria de este futuro médico, el desenlace hubiese sido mucho más trágico.Los reconocimientos posteriores no tardaron en llegar y durante un tiempo, la acción de Fermín fue la comidilla de todos los corros de Madrid. Recibió la cruz de primera clase de la Orden Civil de la Beneficencia e incluso fue llamado a Palacio donde se le obsequió con un reloj de oro grabado. 

Eloy Gonzalo
Posiblemente el más conocido de todos sea Eloy Gonzalo quien nació en Madrid, el 1 de diciembre de 1868 . Con una calle con su nombre es muy fácil verlo cada domingo en El Rastro donde una estatua suya recibe a todos los visitantes a este zoco castizo. Su leyenda se empieza a forjar en 1896 cuando es destinado a Cuba, concretamente al a localidad de Cascorro. Allí, las posiciones españolas estaba siendo duramente castigada y la única vía para cambiar el signo de la contienda era explotar un fortín de madera desde el cual los cubanos causaban graves daños. Pero, ¿Quién llevaría esa misión casi suicida? 

Sin una familia que le echase de menos en suelo patrio, Eloy Gonzalo aceptó ser él quien volase por los aires el núcleo de resistencia. “Soy inclusero y no dejo a nadie que me llore”, comentó al aceptar el reto. Para ello, sólo puso una condición, adentrarse en la línea enemiga atado con una soga para que, en caso de morir, su cuerpo pudiera ser rescatado y enterrado en España.

Contra todo pronóstico, Eloy Gonzalo llevó a cabo su misión con un rotundo éxito y esquivando a la muerte, lo que le convirtió en un héroe nacional y por ese motivo aparece retratado con una cuerda y un bote de gasolina. Fue condecorado con la Cruz de Plata al Mérito Militar y a recibir una pensión de 7 pesetas mensuales.

El Cabo Noval
Otro soldado que tuvo una actuación heroica fue el conocido Cabo Noval, homenajeado en Madrid con una escultura en la Plaza de Oriente obra de Mariano Benlliure y quien no dudo en entregar su propia vida para salvar la de sus compañeros, siento el spóiler. Luis Noval Ferrao nació en Oviedo el 15 de noviembre de 1887 y era un soldado de infantería destinado en el Norte de Marruecos, un lugar poco amigable en aquella época dadas las tensas relaciones del país africano y España en dicho momento. Toda su historia se empieza a tejer durante la Guerra del Rif, cuando Noval es hecho prisionero. Las tropas marroquíes decidieron dejarle con vida y utilizar al militar como cebo para que llegase al campamento español y que, una vez sus camaradas abriesen las puertas para dejarle pasar, aprovechar la apertura de las mismas para entrar por sorpresa y pillar desprevenidos a los españoles.

Cuando entre la penumbra, la silueta de Noval se acerco a la cancela española se respiraba una calma tensa. Agazapados en sus posiciones los marroquíes esperaban su oportunidad. Fue en ese momento cuando el ovetense exclamó las palabras: “¡¡Disparad soldados. Aquí están los moros!!”. En ese momento se desató un tempestad de disparos. La refriega duró unas cuantas horas, hasta que los españoles pudieron repeler la emboscada. Al amanecer, los soldados españoles encontraron el cuerpo sin vida de Noval, amarrado a su fusil y con la bayoneta ensangrentada. Junto a él yacían inertes dos adversarios. El soldado, que tenía 21 años, se había convertido en héroe.

Baltasar Bachero
En el céntrico barrio de Lavapies, en la calle Salitre nos encontramos con la siguiente heroicidad, esta muy ignorada incluso por muchos vecinos de la zona a pesar de tener un bonito altavoz en forma de placas con azulejos.

Nos recuerda la historia de Baltasar Bachero a quien, en 1929, un accidente le costó la vida. Oriundo del barrio una mañana de marzo, junto a la Iglesia de San Lorenzo, con su carruaje llevaba a cabo el reparto de sifones y gaseosas. Fue entonces cuando la mula se espantó y el carro empezó a descender por la calle adquiriendo cada vez más velocidad. El tiempo se detuvo unos segundos, la gente atónita veía como el carro avanzaba sin control al lugar donde varios niños jugaban. En esas, apareció la figura del calesero, convertido de pronto en improvisado héroe. Como diría al día siguiente en el ABC: “Bachero se abalanzó sobre la desbocada bestia. Consiguió su propósito conteniéndola y dando tiempo para que los niños se pusieran a salvo, pero zarandeado el heroico salvador por la mula, cayó a tierra y el carro pasó por encima de su cabeza”. Horas más tarde fallecía por las heridas, con una fractura en el cráneo.

PD: Por cierto, he buscado sin éxito alguna historia similar protagonizada por alguna mujer, si sabéis de alguna, por favor, decídmela para actualizar la entrada.

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1 comentario

  1. Raúl Montero on

    Así a bote pronto solo me viene a la cabeza Manuela Malasaña, pero quizá de anónima no tenga mucho para los madrileños, y también es difícil saber de todo lo que hay publicado sobre ella donde acaba la realidad de lo que pasó y donde empieza la leyenda.

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