Si hay un tipo de secretos que me fascinan son esos que no están al alcance de cualquiera, aquellos que no puedes ver desde la calle si no que tienes que cruzar el umbral de alguna puerta o tirar de un contacto para poder ponerles cara. Es lo que ocurre con mi último hallazgo en Madrid, con el que vamos a despedir el año, unas escondidas mazmorras de la Inquisición. Para ello, tocará descender unos cuantos peldaños y explorar las entrañas de la Villa y Corte.

Mazmorras de la Inquisición en la calle Cabeza

Muy cerquita de la plaza de Tirso de Molina nos topamos con la calle de la Cabeza, ésta es muy conocida por ser el lugar donde se desarrolló una de las leyendas más macabras de cuantas se han ido narrando, de generación en generación, en la capital. Pero este inaudito relato de cabezas cercenadas, no es el único secreto que guarda esta calle. A la altura del número 14, haciendo esquina con la calle Lavapiés, se levanta una construcción de fachada clara y aspecto vetusto. Hoy alberga el Centro Municipal de Mayores de Antón Martín pero siglos atrás, no tuvo una vida tan tranquila. Los lamentos eran su banda sonora principal cuando aquí se encontraba la Cárcel de la Corona Lo más interesante de todo es que, años y años después de aquello, el edificio tuvo otros usos pero algunas de las celdas aún siguen en pie ¡y visitables!

Según atravesamos el acceso que da a la calle, nos damos de bruces con la recepción de la residencia. Allí, si lo preguntamos y después de registrarnos en la lista de visitas, nos guiarán hasta una puerta cercana, detrás de la cual, nos espera este secreto. Una tímida luz alumbra la escalera que, según vayamos descendiendo, sentiremos como la humedad nos va envolviendo. Después de unos cuantos peldaños veremos que todas las paredes que nos rodean, paredes y techos, se vuelven de ladrillo visto.

Mazmorras de la Inquisición en la calle Cabeza

Una estrecha galería va dando paso a las diferentes celdas, las cuales también estaban comunicadas mediante los muros que compartían con una mínima apertura. Imagino que se hacia por un motivo de ventilación, para que hubiese una mínima corriente en estas celdas que daban, a sus desafortunados inquilinos, una estancia de los más asfixiante e incómoda. Basta con caminar por aquí e introducirse en cualquier de estos espacios para que nos invada una sensación entre incómoda e inquietante. Después de unos pocos minutos aquí debajo, uno siente la necesidad de volver a la superficie, a ver la luz del sol y a respirar con normalidad.

Mazmorras de la Inquisición en la calle Cabeza

¿Y quienes eran los presos que ocupaban estas mazmorras? En un principio estas celdas de la Santa Inquisición estaban destinadas a religiosos que eran juzgados pero después también fueron habitadas por presos civiles. Muchas veces, unos y otros aguardaban en estos angostos habitáculos hasta que llegaba la peor de sus suertes, la ejecución.

La verdad que es fascinante que en pleno Madrid todavía se pueden visitar lugares como éste, un fantástico secreto que nos demuestra que aquí nunca nada es lo que parece y que basta con rascar un poco en la superficie de nuestra ciudad para sacar a la luz historias y lugares increíbles.

Mazmorras de la Inquisición en la calle Cabeza

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