Es uno de los rincones más pintorescos y añejos de Madrid, el lugar donde la Cava de San Miguel y la Calle de Cuchilleros se besan. Un mínimo ensanchamiento de aceras, una bocanada de historia, por supuesto, una postal para complacerse y que nos recuerda una vez más, lo bonita que es nuestra Villa.

La finura de este escenario es indiscutible. Los bolardos, los cenicientos adoquines, los toscos bloques del Arco de Cuchilleros. Todo le otorga un inusitado tono gris en pleno Madrid Histórico, una capa sombría que la fachada rojiza que se alza sobre la Escalerilla de Piedra trata de desgarrar, color en mano. Estamos en uno de esos sitios que, aunque no sepas nada sobre el pasado de la ciudad, ya sólo caminando por él percibes que deambulas por un paraje especial e histórico. Todo apunta a ello, y así es. Por el trazado de la Cava de San Miguel transcurrió la muralla cristiana del Siglo XI. Aquí estaban los límites del primigenio Madrid.

Lo realmente llamativo de esta foto es la soledad que desprende. Un sentimiento poco habitual en este sitio, rodeado de mesones y bares enfocados al turismo lo que le asegura un más que notable revuelo en cualquier época del año. Sin embargo, en esta foto de Juan Carlos Dieguez (aquí podéis ver más imágenes suyas) sentimos todo lo contrario. Silencio, soledad, calma. La ciudad recobra un protagonismo demasiadas veces extraviado. Casi podemos escuchar los susurros unos edificios curtidos en mil y una batallas.

Una foto preciosa, para verla bien ampliada, clavar la mirada en el horizonte y por momentos sentir como una tímida brisa nos acaricia la cara. Historia y belleza se pueden complementar muy bien y esta captura lo demuestra. Hasta el Madrid más gris es capaz de emocionarnos. Pasen, vean y respiren.

Arco de Cuchilleros. Madrid

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