Es la mirada que toda aquella persona que se asoma por Madrid se lleva a su hogar cuando le toca abandonar la Villa. El siempre elegante Edificio Metrópolis con su fiel escudero, el Edificio Grassy. Hace mucho que percibo a esta pareja como el Don Quijote y el Sancho Panza en versión arquitectónica. La postal de la semana no es en esta ocasión tan original como otras veces ¿O quizás sí? Después de ubicarnos en el espacio, una segunda mirada nos hace cae en nuestro error. Es probable que te suene esta vista pero ¿Alguna vez la viste así de desierta? Es casi seguro que no.

El autor de esta difícil captura es Rubén Bescós (aquí podéis ver su Instagram) quien inmortaliza joyas como la que nos ocupa en esta ocasión. En la misma contemplamos al Metrópolis, una joya de 1910, que se destapa como auténtico timón y vertebrador de la vida que se bombea a sus lados, con una Gran Vía y una Calle de Alcalá que aún entornan sus ojos mientras el cielo comienza a ganar en luminosidad.

Habituados a ver ese paso de cebra constantemente repleto de gente y con muchos coches en la parrilla de salida, aguardando  a que la luz del semáforo dé la señal de salida, sorprende verlo así. Vacío, desierto, mudo. Imagino que fue cuestión de minutos, o de segundos, que el ruido retomase sus dominios y que Madrid recuperase su habitual pulso.

Edificio Metrópolis, Madrid. (Foto @Rubenpb)

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