Hay quien asegura que por la noche, si paseas por La Latina, una voz te susurra los avatares de Madrid mientras caminas bajo la salvadora luz de sus farolas. Es una zona que se  presta a las caminatas en silencio, buscando horizontes, apreciando los detalles. Refrescando recuerdos.

La Latina es sinónimo de historia, un espacio por el que siempre te puedes perder sin necesidad de una excusa. Seguramente, volteando una esquina encontrarás lo que estabas buscando sin saber que existía.

Encendida y alegre a cualquier hora del día de los fines de semana, yo la prefiero así, bajo tímidos candiles, en silencio absoluto. Es así donde se generan postales como la que os traigo esta semana. Una mirada te tintes amarillentos que nos encauza hacia la basílica de San Francisco el Grande, el techo de La Latina y de buena parte de este Madrid de fachadas de piedra y castizos colorines.

La fotografía es obra de Robinionasch, una visión calmada de una de las zonas más alteradas de Madrid. Viéndola, uno es capaz de escuchar el eco de sus propias pisadas mientras se congratula de poder vagar por los entresijos de la Villa.

La Latina, noche, Madrid

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