Llegó septiembre. Tanto hablar de julio y agosto, del verano, de las vacaciones y él, de nuevo, se presenta aquí en casa, sin aviso previo, sin timbrar al telefonillo, sin un escueto whasapp que diga “Llego en 5 min.”. Este mes cada año es más descarado.

Llegó septiembre y los recorridos por Madrid ya se permiten ciertos lujos, se pueden empezar antes, se pueden improvisar más, se pueden valorar como antaño. Ahora los paseos oscurecen más temprano, aceptarán incluso una manga larga por las noches y a cada paso que lanzas, uno se siente etéreamente reconfortado, como si la ciudad lo arropase con unos brazos invisibles. Llega la rutina ¿Eso es bueno o es malo? Ni lo uno ni lo otro, simplemente es una realidad con la que nos toca bailar, año tras año, y hay que afrontarla de la mejor manera posible. No queda otra.

Llegó septiembre y con él, los reencuentros, con amigos, con calles, con amores, con Julia. Porque sí, llevaba demasiado sin ir a verla así que me obligué a caminar por Malasaña, hasta el final de la Calle Pez y allí me seguía esperando. Aguantando sus libros, disimulando mi presencia, ignorando mis palabras. Creo que nunca conseguiré sonrojarla.

Llegó septiembre y Madrid recuperó su pulso, sus frecuencias del metro, sus jornadas partidas, sus ticketsrestaurant y sus bostezos matinales. A esta ciudad se le puede y debe sacar partido en todos los meses del año pero admitámoslo, la novena hoja del calendario es una de las más apetecibles. Planes de ocio, aperturas de nuevos comercios, temporadas de teatro, conciertos, mucho y muy bueno donde elegir. Madrid nos sonríe.

Una vez más, bienvenido septiembre.

Calle Pez

Compartir.

Sobre el Autor

1 comentario

  1. Pingback: Bitacoras.com

Dejar una Respuesta