La Cava de San Miguel debería de llamarse la Calle de las Falsas Apariencias. En ella todo cobra un doble significado, un volteo de ideas y conceptos que nos hace entender Madrid como una adivinanza.  Un trampantojo urbano que se divierte con nosotros, paseantes anónimos, mientras nosotros hacemos lo propio con ella.

Para quien avanza por esta colorida colmena de balcones por primera vez, la sucesión de bares y tabernas con letreros en inglés hacen saltar las alarmas: “zona de turistas, prohibido parar”, pero no, os animo a deteneros, a disfrutar del paisaje y de lo singular de esta callecita. Para empezar notaréis la pronunciada curva que hacen los edificios de uno de sus lados, el de los números impares. El mismo que tiene sus bajos compuestos por sillares de piedra. Esta inclinación no es algo fortuito o accidental, obedece a un sencillo motivo. Gracias a esta inclinación la base del edificio es bastante más ancha que el resto de las plantas. Una necesaria ampliación que le permite soportar el peSo de todo el conjunto urbano que se extiende al otro lado del edificio, la Plaza Mayor.

Otro de sus misterios es su nombre, ¿Por qué todas sus vecinas y hermanas son “calles” y ella recibe la denominación de “cava”? Otro secreto que toca sacar a la luz. Por su adoquinado asfaltado, asegurado con contundentes bolardos, pasaba durante la Edad Media el muro defensivo que sirvió para proteger Madrid. Una cavidad que, cuando se aproximaron los tiempos de paz, se rellenó y pasó a ser una calle similar al resto pero con un origen tan diferenciador como peculiar.

Me gusta, siempre que puedo, pasear por este lugar, tan bullicioso unos días y tan histórico otros, que nunca aciertas cómo te va a recibir. Pequeña pero con unos colores que la hacen fácilmente distinguible, la Cava de San Miguel es muchísimo más de lo que aparenta. Os lo comenté unas líneas atrás. Dadle una oportunidad y regaladle varios paseos. Seguro que termináis volviendo para ir añadiendo vuestras propias líneas a su ya extensa biografía. No te equivoques con ella, con sus letreros de sangría y camareros-capta-clientes. Estamos hablando de la auténtica historia de Madrid.

La Cava de San Miguel, Madrid

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