¿Nunca habéis tenido la sensación de que, cuando estabais de camino a casa, habéis visto desde la calle como en el interior de algún piso andaban montando una fiesta y os han entrado gana de acoplaros? Una ligera ‘envidia sana’ como mienten algunos. Bien, pues os admito que es un sentimiento muy similar al que me ha provocado esta fotografía de Madrid.

Mediante esta original mirada vemos claramente los distintos estratos que forman Madrid. Por si alguno anda ligeramente despistado lo primero va a ser ubicarnos. Estamos en lo alto de la Avenida Menéndez Pelayo, una de las vías que hacen frontera con el Parque del Retiro al cual sentimos acostado a la izquierda de esa hilera de faroles y vida. La citada calle no está habituada a los focos ni a la efímera fama, sin embargo, se destapa bonita y coqueta a vista de pájaro.

Si avanzamos por ella nos topamos con la, casi siempre inoportuna Torre de Valencia. Otra vez más nos obliga a inclinar la cabeza para tratar de ver lo que sucede detrás de ella. Es en ese tercer término donde transcurre el gran encanto de la foto, multitud de siluetas que todos conocemos parecen disfrutar de una fiesta a la que solo ellas están invitadas. Una congregación de colosos donde están en lista las cuatro torres, la Torre Picasso o las inseparables KIO. Todas ellas, aprovechan la complicidad de la luna para hablar de sus cosas, compartir vivencias y lucir sus más brillantes galas mientras el resto de la ciudad intenta dormir.

Ibiza, Recoletos, Castellana… Los barrios se suceden en esta relajante postal. Todos están allí aunque por momentos no se les perciba. Dicen que Madrid nunca duerme y esta foto lo demuestra, por mucho que lo creamos, el sueño y la oscuridad nunca llegan a conquistar esta ciudad infinita.

Gracias a Alberto CSR por hacerme llegar esta fotografía, aquí podéis admirar un poquito más de su trabajo.

Madrid de noche2

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