¿Quién dijo que las Navidades atiborran de gente las calles de Madrid? Bueno de acuerdo, esta afirmación es cierta al 99,9 por ciento de los lugares y los casos. Lo que ocurre es que estas fechas también nos brindan algunas que otras imágenes verdaderamente insólitas en nuestro imaginario. Para nuestra fortuna, siempre hay algún objetivo indiscreto capaz de atestiguarlo.

En esta ocasión tenemos que agradecer a Raquel Díaz Hernández el que podamos ver la Calle Preciados como nunca la habéis podido  pasear…¡Desierta! O bueno casi, porque en el horizonte sí que es verdad que se intuyen un par de siluetas. De no ser por ellas, una de las calles más transitadas de Madrid (sin importar el momento del año) nos abriría de par en par las puertas de su cara más íntima, esa que guarda con celo durante la mayoría del tiempo.

Me temo que los que más nos impacta de esta fotografía es ver la iluminación navideña en todo su esplendor y ver los reflejos de las mismas sobre el frío suelo de la capital. Normalmente, este efecto se ve frustrado por una riada de cabezas y sombreros. Una alfombra de seseras que arma una de las miradas más características del centro de Madrid. Una marabunta que ni el mejor de los magos lograría hacer desparecer.

La Calle Preciados es un fogonazo constante, uniendo dos de las plazas más escandalosas de Madrid, como son Callao y la Puerta del Sol. Eso y las innumerables tiendan que colapsan sus aceras hace que siempre haya gente transitando sobre su suelo. Una ausencia significativa en la última postal del año. La Navidad obra milagros y no sólo nos trae regalos físicos sino que además nos permite ver, durante unos días una ciudad diferente, en ambos extremos, tanto por el bullicio como por el silencio.

Calle Preciados, MADRID

Compartir.

Sobre el Autor

1 comentario

  1. Pingback: Bitacoras.com

Dejar una Respuesta