No cabe duda de que se trata de uno de los rincones más pintorescos y diferentes de cuantos el caminante puede descubrir en toda la ciudad de Madrid. Parapetado tras un sencillo muro de ladrillo, el Jardín del Príncipe de Anglona es el escenario soñado para una cita perfecta o ese remanso de paz, tan demandado y buscado en no pocas ocasiones.

Otro día prometo relataros, de forma resumida, su interesante biografía. En esta ocasión sólo haremos hincapié en varios apuntes, el primero, que su existencia va cosida al edificio contiguo, el Palacio del Príncipe de Anglona y que su diseño actual, aunque ha sufrido varios cambios, se remonta a 1802. Para quien no lo sepa, éste apacible lugar se encuentra en la Plaza de la Paja, en La Latina. A mi modo de entender Madrid, el mejor área para perderse sin rumbo dispuestos a callejear. Sorpresas como ésta merecen el esfuerzo de cualquier caminata.

Su aspecto entre íntimo y desangelado le confiere un estatus especial, poco rincones de la Villa pueden despertar tanta sensaciones al viandante más curioso. Tanto en las prematuras noches de invierno como en las plomizas tardes de verano merece que le prestemos mil y una atenciones. Sus bancos y sombras siempre demandan compañía, una fugaz visita que quiebre el silencio que habitualmente les rodea.

Me gusta esta foto que tomé de este coqueto jardín porque en él se puede casi tocar su desnudez y simpleza. Vacío, como casi siempre, no aparece en las principales guías de turismo, tampoco esperes verlo en alguna de las postales que los turistas adquieren en la Puerta del Sol. Aún así, es uno de los rincones más bonitos de la ciudad. Un lugar de cuento que nos transporta a tiempos remotos, un secreto de Madrid con mayúsculas.

Jardín del Príncipe de Anglona, en Madrid

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