Es uno de los secretos mejor guardados de Madrid, el Huerto de las Monjas, un escurridizo espacio verde a cuya vera podrás pasar decena de veces pero que si nadie te pone tras su pista es probable que jamás lo conozcas. De hecho, así fue lo que me sucedió a mí.

Para acceder a él toca pasear hasta la Calle del Sacramento Nº7, allí encontramos un bloque de viviendas de ladrillo. Si nos animamos a cruzar la cancela roja que lo parapeta y desprecia a los más curiosos, descenderemos unas pocas escaleras que nos conducen a un espacio embriagador. Es entonces cuando un pequeño mojón de piedra nos da una austera bienvenida: “Huerto de las Monjas”.

Aunque otro día profundizaré más en su historia y biografía, os avanzo que este oasis urbano fue en su origen una huerta donde las monjas bernardas plantaban verduras y hortalizas ya que aquí, desde el Siglo XVII, hubo un convento cuyo alma se quiso respetar en las sucesivas reformas de la zona. El pasado martes, aprovechando el sensacional tiempo que cubría Madrid, me desvié de mi itinerario original para revivir las sensaciones que este sitio siempre aporta. He de admitir que lo encontré más radiante que nunca.

Silencioso como habitúa, quizás fuese por el efecto de la recién llegada primavera, de los rayos del sol o de mi estado de humor, en esta ocasión el Huerto de las Monjas me sonrió más que nunca. Fue una pena que las prisas no me dejasen visitarlo como se merece pero tan pronto como pueda, regresaré para vernos las caras de nuevo.

Para quien todavía no lo conozca le animo a darse una vuelta por este poco conocido rincón de Madrid, por cierto, este genial escenario aparece en ‘Buscando los silencios de Madrid‘ uno de los recorridos que os propongo en mi libro ‘Paseos Secretos de Madrid

El Huerto de las Monjas

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